¿Has oído hablar alguna vez de la acerola? Esta pequeña fruta tropical está dando mucho que hablar entre los nutricionistas y amantes de la alimentación saludable. Y no es para menos. Si quieres descubrir por qué se ha ganado su fama de “superalimento”, sigue leyendo porque esto te interesa.
¿Qué es la acerola?
La acerola es el fruto del semeruco (Malpighia emarginata), un arbusto que crece de forma natural en América Central, en las Antillas y las zonas tropicales y húmedas de Sudamérica. Ojo, no lo confundas con el acerolo o Crataegus azarolus, otro arbusto silvestre totalmente distinto, nativo de Oriente Medio y del sur de Europa.
El semeruco puede alcanzar entre 3 y 6 metros de altura. Tiene una corteza oscura y muchas ramas cortas. En estado silvestre suele presentar espinas, aunque las variedades cultivadas normalmente carecen de ellas.
Entre los meses de abril y noviembre brotan sus flores, que son rosadas, violáceas o blancas. En unas pocas semanas se convierten en los frutos que conocemos como acerolas: pequeñas bayas rojas de entre 1 y 2 cm. de diámetro y unos 20 gramos de peso. Su aspecto recuerda mucho al de una cereza, de ahí que también se la conozca como “cereza de las Antillas” o “cereza de Barbados”.

Una fuente natural de vitamina C
La acerola tiene una textura jugosa y suave y un sabor ligeramente ácido que delata su alto contenido en vitamina C. Para que te hagas una idea, tiene entre 20 y 30 veces más vitamina C que una naranja). De hecho, es el fruto con mayor concentración de esta vitamina en todo el planeta, solo superado por el gubinge (Terminalia Ferdinandiana) y el Camu-Camu (Myrciaria dubia).
Para ser más concretos, mientras que una naranja aporta entre 500 a 4000 ppm. de vitamina C, la acerola alcanza valores entre 16000 y 172000 ppm.
Los pueblos antiguos ya eran conocedores de los beneficios terapéuticos de la acerola. Las tribus amazónicas la consumían para tratar problemas digestivos como la diarrea o la disentería. Más tarde, los navegantes europeos la utilizaron para protegerse del escorbuto, una enfermedad provocada por la falta de vitamina C.
Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XX cuando la comunidad científica empezó a estudiar en profundidad esta fruta tropical, publicando numerosos ensayos sobre sus efectos beneficiosos en el organismo.
Otros nutrientes de la acerola
La acerola destaca por su altísimo contenido en vitamina C, pero aporta también otros nutrientes que son esenciales para la salud como las vitaminas y los minerales.
Por cada 100 gramos de acerola encontramos:
- 32 kcal.
- 91 gramos de agua
- 7,69 gramos de carbohidratos
- 0,4 gramos de proteína
- 0,9 gramos de fibra
- 0,3 gramos de grasa
Vitaminas de la acerola:
- 1675 mg. de vitamina C
- 0,02 mg. de vitamina B1 (Tiamina)
- 0,06 mg. de vitamina B2 (Riboflavina)
- 0,4 mg. de vitamina B3 (Niacina)
- 14 mg. de vitamina B9 (ácido fólico)
- 38 mg. de vitamina A
Además de este alto contenido en vitaminas, la acerola aporta una gran variedad de antioxidantes como betacaroteno (provitamina A), flavonoides, antocianinas, ácidos fenólicos y luteína. Estos compuestos protegen nuestras células del estrés oxidativo y ayudan también a prevenir diferentes patologías como el cáncer, la degeneración macular o las enfermedades cardiovasculares.
Minerales en la acerola:
- 146 mg. de potasio
- 18 mg. de magnesio
- 12 mg. de calcio
- 11 mg. de fósforo
- 7 mg. de sodio
- 0,1 mg. de zinc
- 0,02 mg. de hierro
Estos minerales participan en numerosos procesos metabólicos esenciales: el potasio y el magnesio contribuyen al correcto funcionamiento muscular y nervioso, el calcio y el fósforo son clave para la salud ósea, y el hierro y el zinc intervienen en la formación de glóbulos rojos y en el buen estado del sistema inmunitario.
Beneficios terapéuticos de la acerola
Si su perfil nutricional te ha impresionado, espera a ver lo que esta fruta puede hacer por ti.
Refuerzo inmunitario
Uno de los beneficios más conocidos de la acerola es su capacidad para reforzar nuestras defensas. Un metaanálisis publicado en 2016 analizó el papel de la vitamina C en la prevención y el tratamiento del resfriado común, concluyendo que una ingesta adecuada puede ayudar a reducir la duración y la intensidad de los síntomas.
Consumir alimentos ricos en vitamina C, como la acerola, es una forma natural de fortalecer el sistema inmunitario frente a infecciones y catarros estacionales, especialmente en personas con defensas bajas o sistemas inmunitarios debilitados.
Combate el estrés oxidativo
Gracias a su alto contenido en antioxidantes, la acerola ayuda a proteger las células de nuestro cuerpo del estrés oxidativo y los radicales libres, responsables del envejecimiento prematuro. Los flavonoides, que son los pigmentos responsables de su color rojizo, actúan en sinergia con la vitamina C potenciando su acción antioxidante.
Interviene en la síntesis del colágeno
La vitamina C la vitamina C desempeña un papel crucial en más de 300 procesos metabólicos, entre ellos la formación de colágeno nuevo.
El colágeno es una proteína esencial del tejido conectivo. Forma parte de la piel, los huesos y las articulaciones. No es extraño que el extracto de acerola aparezca como ingrediente en muchas cremas antiedad para mantener la firmeza y elasticidad cutánea.
Reduce el cansancio y la fatiga
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reconoce el importante papel de la vitamina C en la reducción del cansancio y la fatiga y aconseja una ingesta diaria de 110 mg. para los hombres y 95 mg. para las mujeres.
Incluir acerola en la dieta puede ser especialmente interesante en épocas de mayor desgaste físico o mental.
Mejora la absorción del hierro
La vitamina C facilita la absorción del hierro, un mineral esencial en la producción de hemoglobina, la proteína encargada de transportar el oxígeno en la sangre. La carencia de hierro provoca anemia ferropénica, una condición en la que el número de glóbulos rojos desciende provocando síntomas como debilidad, palidez y caída excesiva del cabello.
Reduce los niveles de colesterol en sangre
Los estudios científicos demostraron que la vitamina C y la rutina (dos antioxidantes que la acerola contiene en abundancia) pueden prevenir la oxidación del colesterol LDL y evitar la formación de placas de ateroma en las arterias. Por eso muchos la consideran un alimento cardioprotector.
Regula los niveles de glucosa en sangre
Algunos estudios señalan que los polifenoles presentes en la pulpa de la acerola podrían tener un efecto inhibidor de la alfa-glucosidasa, una enzima que interviene en la digestión de los carbohidratos y regula los niveles de azúcar en sangre.
Posibles efectos anticancerígenos
Un ensayo publicado en la revista Phytotherapy Research indica que la acerola tiene una actividad citotóxica sobre ciertas líneas celulares del cáncer.
Otro estudio publicado en Japón en el año 2002 encontró que el extracto de acerola inhibía el crecimiento y propagación del cáncer de pulmón en ratones.
¿Quiénes se pueden beneficiar del consumo de acerola?
La fruta y los suplementos de acerola están especialmente recomendados para:
- Fumadores: el tabaco reduce los niveles de vitamina C en el organismo y la acerola puede compensar este déficit.
- Personas con anemia ferropénica: la vitamina C también mejora la absorción del hierro de los alimentos. Por eso, comer acerolas con frecuencia ayuda a recuperarse de la anemia.
- Personas convalecientes de gripe o resfriado: la acerola puede reforzar el sistema inmunitario gracias a su alto contenido en vitamina C.
- Personas con antecedentes genéticos de enfermedad macular: sus antioxidantes ayudan a prevenir el daño oxidativo de la retina.
¿Cómo consumir la acerola?

En América del Sur la acerola es una fruta popular que se consume fresca, en postres, helados, mermeladas, compotas, gelatinas y licores. Sin embargo, en España es bastante difícil de conseguir, y esto se debe a que su cultivo requiere un clima tropical, cálido y húmedo.
Además, la fruta en sí es muy delicada. Tiene una piel exterior muy fina que se rompe fácilmente, lo que dificulta su transporte a largas distancias. Por eso, a diferencia de otras frutas exóticas como el mango o la papaya, es posible que no veas acerola fresca en el supermercado.
Sin embargo, el zumo de acerola es relativamente fácil de encontrar. Suele estar mezclada con otras frutas más dulces para rebajar su sabor ácido. En este caso, conviene fijarse bien en la etiqueta y elegir opciones sin azúcares añadidos ni aditivos innecesarios.

Otra alternativa práctica para aprovechar sus beneficios es recurrir a los suplementos. Por ejemplo, el polvo de acerola se obtiene del fruto prensado y deshidratado. Puedes añadirlo fácilmente a tus zumos, smoothies y batidos para darles un plus de vitaminas. Eso sí, evita mezclarlo con líquidos calientes ya que la vitamina C se degrada con el calor.
Acerola en polvo - 300 g
Contraindicaciones y efectos adversos de la acerola
Hemos visto que la acerola tiene mucha vitamina C, pero no debes preocuparte por exceder la dosis.
La vitamina C es hidrosoluble. Esto significa que el organismo elimina el excedente a través de la orina y por mucha que tomemos, no nos causará ningún tipo de intoxicación. Sin embargo, debes tener en cuenta que al filtrarse por el riñón si abusas de ella podrías desarrollar cálculos renales.
Además, cantidades muy elevadas de vitamina C pueden causar ciertos efectos adversos como:
- Náuseas
- Diarrea
- Retortijones en el estómago
- Somnolencia e insomnio (por su acción estimulante)
- Riesgo de sangrado excesivo si se combina con anticoagulantes como la warfarina
Por ello, aunque la acerola es un alimento seguro para la mayoría de las personas, conviene consumirla con moderación y consultar con un profesional sanitario en caso de tomar medicación o padecer problemas renales.




