aguas termales

Las aguas termales se originan en fuentes naturales y tiene unas características de mineralización que le otorgan una serie propiedades terapéuticas y beneficiosas para la salud.



Aguas termales según su nivel de mineralización

Teniendo en cuenta su contenido en minerales, las aguas termales se clasifican en:

  • Ferruginosas: son ricas en hierro bivalente. Tienen propiedades anti-anémicas, reconstituyentes y adelgazantes.
  • Sulfuradas: contienen Sulfuro de Hidrógeno (H2S) en concentraciones superiores a 1 mg/litro. Están indicadas en dolencias reumáticas, dermatológicas y procesos respiratorios crónicos.
  • Sulfatadas: en ellas predomina el anión sulfato asociado con cationes de calcio, sodio o magnesio. Son descongestivas y purgantes y estimulan las funciones intestinales.
  • Bicarbonatadas: son ricas en sal de ácido carbónico. Se comportan como hepatoprotectoras favoreciendo la eliminación del ácido úrico y alcalinizando la orina. También mejoran la actividad pancreática, por lo que se recomiendan en casos de reflujo gastroesofágico y dispepsia, así como en afecciones reumatológicas y endocrinológicas.
  • Oligometálicas: poseen una concentración muy débil en minerales, pero tienen un gran valor terapéutico. Destacan por su acción diurética, ayudando a eliminar las toxinas y residuos del organismo. Están indicadas en el caso de enfermedades renales o retención de líquidos.
  • Fluoradas: como su nombre indica son ricas en flúor. Están recomendadas de forma especial para pacientes con osteoporosis o problemas en los huesos.
  • Magnésicas: tienen una alta concentración en magnesio. Favorecen el tránsito digestivo y la función renal. También están recomendadas en el tratamiento de la arterioesclerosis y enfermedades cardiovasculares.
  • Cálicas: su porcentaje de calcio es elevado. Son sedantes, antiespasmódicas, diuréticas y reductoras de la tensión sistólica. Ideales para personas con enfermedades cardiovasculares o degeneración ósea.

Los efectos terapéuticos de las aguas termales.

Las propiedades curativas de las aguas termales son conocidas desde la Antigüedad. Hipócrates ya habló de ellas en el siglo V a.C. en su tratado Aires, agua y lugares donde afirma que las aguas termales nos ayudan a recobrar la salud gracias a sus virtudes sanadoras.

Actualmente sabemos que las aguas termales tienen efectos beneficiosos en el organismo gracias a sus componentes minero-medicinales. Algunas dolencias que pueden aliviar son: el reuma, las afecciones bronco-pulmonares, renales, urinarias, cardiovasculares o digestivas.

Aguas termales para el cuidado de la piel.

Las aguas termales también son poseedoras de muchas propiedades dermatológicas: antiinflamatorias, queratoplásticas y antipruríginosas. De hecho, en el siglo XIX se recomendaban como tratamiento de muchas enfermedades cutáneas.

Las aguas ricas en silicio, por ejemplo, previenen el envejecimiento prematuro de la piel ya que este mineral favorece la síntesis de colágeno y elastina. Las aguas con selenio y zinc tienen propiedades antioxidantes; mientras que las aguas ricas en magnesio favorecen la regeneración de los tejidos.

Algunas de las enfermedades de la piel que pueden mejorar con tratamientos termales son las dermatosis inflamatorias, la psoriasis, la rosácea o el eritema post-solar.

Las aguas termales mejoran la flexibilidad y elasticidad de la piel. Además, algunas de ellas tienen propiedades calmantes. Las personas con la piel sensible pueden utilizarlas para tonificar su cutis. También pueden emplearse para rehidratar la piel en cualquier momento en ambientes muy secos por calefacción, aire acondicionado o en los viajes de avión. Sólo necesitas pulverizar un poquito de agua termal sobre el rostro para que notes sus propiedades calmantes y que la sensación de tirantez desaparezca.