Hace poco tiempo os hablamos en el blog sobre el «maskné»: un tipo de erupción en el rostro provocado por el uso continuado de la mascarilla. Se ha comprobado que la temperatura de la piel en la zona cubierta por la mascarilla es de unos tres grados mayor que en el resto de la cara. Este aumento de la temperatura unido a la humedad provocada por la propia transpiración, hace que los capilares se dilaten en su esfuerzo por eliminar el calor y refrescar la zona (las pieles con rosácea o cuperosis suelen ser las más afectadas).



La humedad hace también que la piel segregue más sebo para protegerse. Las personas con tendencia al acné pueden experimentar la aparición de nuevos brotes ya que los poros se infectan debido al roce continuado de la mascarilla.

La fricción irrita la piel, sobre todo si esta es fina o sensible haciendo que se reseque hasta el punto de volverse escamosa. Esta situación puede empeorar en los meses de verano ya que se transpira más y se acumula más humedad.

Si tú también sientes la piel irritada, inflamada o con descamación ¡no te pierdas nuestra receta de hoy! Te enseñaremos a preparar una crema casera para combatir el maskné, regenerar la piel dañada y reparar los daños causados por la infección.

¿Cómo hacer una crema casera para la piel irritada o con maskné?

Vamos a preparar una crema casera con propiedades calmantes y reparadoras. Para ello necesitaremos aceites, mantecas, ceramidas y principios activos que nos ayuden a restaurar la barrera epidérmica.

Los aceites y las mantecas vegetales son excelentes para la piel con descamación ya que forman una película protectora que impide la pérdida de agua por transpiración. Además, reponen los ácidos grasos eliminados por el sudor y el roce de la mascarilla.

Los aceites más recomendados son aquellos que contienen al menos un 50% de ácidos grasos omega 3 y 6 (linolénico y linoleico): aceite de sésamo, aceite de pepitas de uva, aceite de frambuesa, de macadamia o de cáñamo… Todos ellos tienen propiedades antiinflamatorias y no dejan sensación grasa. Otro aceite beneficioso es el escualano que se obtiene de la oliva y guarda una gran similitud con los lípidos naturales presentes en la piel (mejora su elasticidad y atenúa los signos del envejecimiento cutáneo).

Por otra parte, las mantecas vegetales crean una película protectora que aisla a la piel del roce de la mascarilla. Puedes emplear manteca de karité o de babassú en la elaboración de tu crema.

Podemos disolver en estos aceites algunos principios activos como el alfa bisabolol, con propiedades calmantes y antiinflamatorias.

Para cerrar los poros y contraer los vasos sanguíneos, te recomendamos sustituir el agua destilada que normalmente llevan las cremas faciales por un hidrolato o agua floral con propiedades astringentes: hamamelis, rosa, geranio, etc.

La elección de los aceites esenciales también es muy importante. Seleccionaremos aquellos que tienen propiedades calmantes y regeneradoras como el aceite esencial de lavanda, de geranio o de rosas.

Además, añadiremos a nuestra crema glicerina (con propiedades higroscópicas y lubricantes), ácido hialurónico, ácido láctico y urea (hidratan la piel y la protegen de los microorganismos).

Las vitaminas son esenciales para la piel irritada. En concreto, la vitamina B3 se utiliza mucho para el tratamiento de enfermedades cutáneas como la dermatitis atópica o el acné. Estimula la regeneración celular y aumenta la producción de ácidos grasos cutáneos. Esto a su vez hace que la piel sea más resistente a los agentes irritantes externos.

La vitamina B3 al 2% también reduce las secrecciones sebáceas y disminuye el tamaño de los poros, por lo que irá bien en el tratamiento del exceso de sebo producido por la mascarilla.

También podemos añadir vitamina E (tocoferol) por sus propiedades antiinflamatorias y Zinc PCA por sus propiedades antibacterianas y seborreguladoras.

¡Vamos allá con la receta!

Necesitas:

Preparación:

  1. Desinfecta todos los recipientes y utensilios que vas a utilizar.
  2. Pesa todos los ingredientes por separado en una báscula de precisión.
  3. Coloca un recipiente al baño María con el emulsionante Olivem 1000, el aceite de pepitas de uva, el aceite de cáñamo, la manteca de babassú, el escualano y el Alfa bisabolol. Calienta hasta los 70Cº y remueve de vez en cuando para obtener una pasta homogénea.
  4. En otro recipiente al baño María, coloca las ceramidas y el aceite de coco fraccionado. Calienta hasta que la ceramida esté líquida y añade a la mezcla anterior, agitando con una espátula de madera.
  5. A continuación, coloca un tercer recipiente con el hidrolato de geranio, el gel puro de aloe vera, la alantoína, la vitamina B3, el ácido láctico y la urea. Calienta sólo un poco e incorpora a la mezcla anterior, removiendo con una espátula o una batidora eléctrica.
  6. Repetiremos el proceso, esta vez mezclamos la glicerina con la goma Xantana y disolvemos en esta solución el ácido hialurónico. Calentaremos hasta que la goma Xantana se deshaga e incorporamos a la mezcla anterior removiendo o batiendo para que se integre.
  7. Finalmente, en un último recipiente coloca el agua destilada y disuelve en ella en Zinc PCA. Calienta un poco al baño María hasta que el Zinc PCA se disuelva. Retira del fuego y agrega el extracto de centella asiática. Luego incorporaremos también esta fase a la mezcla anterior, batiendo o removiendo hasta que la crema tome una textura homogénea.
  8. Cuando la temperatura haya descendido, incorpora la vitamina E (tocoferol), el aceite esencial de rosa y el conservante.
  9. Envasa tu crema y consérvala en un lugar seco y a temperatura ambiente. Puedes utilizarla a diario para calmar la piel irritada por el uso de la mascarilla, pero recuerda que no lleva protección solar (si vas a salir a la calle tendrás que aplicarte antes algún fotoprotector FPS 15 ó superior).

¡Cuéntame si te ha gustado esta crema!