El agua es el componente más abundante en el cuerpo humano. Se encuentra en todas las células, incluyendo la sangre, la piel e incluso los huesos. Representa aproximadamente el 60% del peso corporal de un adulto, aunque este porcentaje puede variar según el sexo y la edad.

Más allá de la función básica del agua que es hidratar, este fluido vital desempeña un papel fundamental en el mantenimiento óptimo del cuerpo gracias a su aporte de minerales y oligoelementos. A diferencia de los minerales de los alimentos que están unidos a moléculas complejas, los minerales presentes en el agua pueden existir en forma de iones libres y esto facilita su rápida asimilación.

Eso sí, no todas las aguas son iguales ni aportan la misma cantidad de minerales. Este dato puede variar en función de la procedencia geológica del agua o del tipo de tratamiento al que haya sido sometida. Por ejemplo, el agua mineral natural posee minerales y oligoelementos en cantidades apreciables: calcio, potasio, sodio o magnesio que son esenciales para la salud de nuestros músculos y huesos. Otras aguas que han sido sometidas a procesos de filtración, purificación o desalinización pueden perder parte de su riqueza mineral.

Diferencias entre agua potable, agua de manantial y agua mineral natural.

El agua potable es cualquier agua segura para el consumo humano. Generalmente, estas aguas vienen de ríos o embalses y se someten a tratamientos de purificación y desinfección para eliminar microorganismos o sustancias contaminantes.

Por el contrario, las aguas de manantial y las aguas minerales naturales no han sido sometidas a tratamientos químicos o microbiológicos.

El Real Decreto 1898/ 2010 que regula la obtención y comercialización de este tipo de aguas dice que las aguas de manantial son “las de origen subterráneo que emergen espontáneamente en la superficie de la tierra o se captan mediante labores practicadas a tal efecto, con las características naturales de pureza que permiten su consumo”. El agua de manantial no necesita ser sometida a procesos de purificación, pero es posible que pase por algunos procesos de filtrado para asegurar su calidad antes de embotellarla y lanzarla al mercado.

En cambio, las aguas minerales naturales son “aguas microbiológicamente sanas que tienen su origen en un extracto o yacimiento subterráneo”. Se distinguen por su naturaleza rica en minerales y oligoelementos. Su comercialización sigue unas regulaciones muy estrictas en cuanto a su origen, composición y envasado.

¿Compras agua mineral embotellada? ¡Revisa el etiquetado!

Cualquier marca de agua mineral que se comercializa en España debe llevar un etiquetado en el que se indica su composición analítica. Aquí podemos revisar el porcentaje de “residuo seco” que nos indica el grado de mineralización del agua.

En nuestro país la mayoría de las aguas minerales embotelladas son de mineralización débil (su contenido en minerales no supera los 500mg/l). Son aguas indicadas para toda la familia, incluso para bebés. Aunque también existen aguas de mineralización muy débil (50mg/l) y aguas de mineralización fuerte (1500mg/l). Todas ellas son saludables, aunque es recomendable ajustar el grado de mineralización a las necesidades individuales. Por ejemplo, las aguas más alcalinas neutralizan la acidez estomacal, las ricas en magnesio favorecen el tránsito intestinal y las bajas en sodio ayudan a combatir la retención de líquidos y a mantener a raya la hipertensión.

El agua no sólo te hidrata.

Ya hemos visto que los beneficios del agua van mucho más allá de la hidratación. Fisiológicamente, la ingesta de agua se relaciona con la sed, pero es importante beber agua incluso cuando no estamos sedientas ya que cuando los osmoreceptores envían la señal de sed al cerebro, nuestro cuerpo ya ha comenzado a deshidratarse.

Además, beber agua con regularidad te ayuda a:

  • Estar de mejor humor: neurotransmisores como la dopamina o la serotonina dependen de una hidratación adecuada.
  • Tener una piel bonita: el agua ayuda a retener la humedad de la piel desde el interior y a eliminar el exceso de toxinas permitiendo que las células respiren. Es uno de los mejores hábitos para mantener la juventud y elasticidad en el cutis.
  • Prevenir el estreñimiento: el agua ayuda a lubricar el tracto gastrointestinal facilitando la evacuación. Si no tomas suficiente líquido a lo largo del día es posible que las heces se vuelvan duras y difíciles de evacuar. También es importante consumir alimentos ricos en fibra para mantener un sistema digestivo saludable y favorecer el tránsito intestinal.
  • Mejorar el rendimiento deportivo: ¿te gusta practicar deporte o salir a correr? Al hacer ejercicio nuestro cuerpo suda para liberar calor. El agua tiene una función termorreguladora y reduce el riesgo de experimentar fatiga durante el entrenamiento, calambres musculares o el temido golpe de calor. La Sociedad Internacional de Nutrición del Deporte recomienda a los corredores beber agua antes de iniciar la carrera y cada 20 minutos (150/ 250 ml.) mientras dure el entrenamiento.
  • Mantener el peso ideal: el agua no engorda ni adelgaza, pero ayuda a mantener el metabolismo activo. Además, si la tomamos antes de las comidas tiene un efecto saciante, controlando la sensación de apetito.

¿Te han parecido útiles estos consejos? A menos de un mes para que empiece el verano conviene recordar la importancia de beber agua para nuestro bienestar en general. No sólo nos hidrata, también hace que nos sintamos mejor y podamos disfrutar plenamente del buen tiempo.