Todos hemos sufrido estrés en algún momento de nuestras vidas. Lo identificamos en seguida por síntomas como nerviosismo, agitación, aumento del ritmo cardíaco o respiración acelerada. Si la situación se prolonga en el tiempo y el estrés se cronifica, nuestra salud física puede verse también afectada. Algunos efectos perjudiciales del estrés poco conocidos son: brotes de acné, reflujo gástrico o problemas de vista.
Desde el Centro Oftalmológico Martínez de Carneros nos advierten de que existe una relación causa-efecto entre el estrés crónico y el aumento de la presión intraocular (PIO). Al tratarse muchas veces de personas jóvenes que no forman parte de grupos de riesgo, la patología pasa desapercibida sin recibir un tratamiento precoz.
¿Cómo afecta el estrés a nuestra visión?
El estrés puede causar tensión ocular elevada y esto se debe a los altos niveles de cortisol que genera nuestro cuerpo cuando sentimos preocupación y ansiedad.
El cortisol es una hormona estiroidea que produce el organismo ante situaciones de emergencia y libera glucosa en el torrente sanguíneo haciendo que tengamos un «suministro extra» de energía. Se trata de un mecanismo natural de defensa, pero situaciones de estrés continuadas tienen efectos muy negativos para la salud: desde retención de líquidos e inflamación de la mucosa intestinal a presión arterial elevada y mayor riesgo de infartos y accidentes cerebro-vasculares.
En lo que respecta a la visión, el estrés se relaciona con enfermedades como el glaucoma, la neuropatía óptica, la retinopatía diabética o la degeneración macular asociada a la edad. Un estudio publicado en 2018 por la revista EPMA confirma que el cortisol elevado es un factor de riesgo en el deterioro de la vista.
Diferencias entre la fatiga visual (astenopia) y la hipertensión visual provocada por estrés.

Es común confundir estas dos patologías. El estrés visual o astenopenia aparece a menudo tras un sobreesfuerzo visual, por ejemplo, después de trabajar largas jornadas frente a la pantalla del ordenador. Fijar mucho la vista hace que los músculos que rodean a los ojos se tensen provocando dolor de cabeza. También podemos sufrir otros síntomas como irritación ocular, ojo seco, lagrimeo, dificultad para enfocar bien los objetos e hipersensibilidad a la luz.
Normalmente el tratamiento para la fatiga ocular consiste en hacer cambios en nuestros hábitos diarios: usar gafas especiales para el trabajo en computadoras, ajustar el brillo del monitor o tomar pequeños descansos. Los ejercicios oculares también nos ayudan a relajar la vista cansada, mientras que las lágrimas artificiales servirán para aliviar las molestias cuando existe picor o irritación en los ojos.
En cambio, la hipertensión ocular es una patología grave que se presenta cuando los líquidos intraoculares (humor vítreo y humor acuoso) aumentan su presión sobre las estructuras firmes del ojo. Hablamos de hipertensión ocular cuando los valores son iguales o superiores a 21 mm Hg.
La presión intraocular elevada puede dañar de forma permanente el nervio óptico causando una pérdida progresiva de visión. Si no se trata desde el inicio puede provocar ceguera permanente.
¿Cómo se diagnostica la hipertensión ocular?

La hipertensión ocular se diagnostica mediante una prueba llamada tonometría. Esta prueba también se utiliza para detectar glaucoma, pero la presión intraocular puede existir con o sin glaucoma. El glaucoma es una enfermedad degenerativa causada por la presión continuada dentro del ojo que involucra un daño permanente en el nervio óptico, sin embargo existe presión intraocular siempre que se sobrepasen los valores normales (aunque el nervio aún no esté dañado). No debes esperar a que se manifiesten los síntomas más graves.
Algunos indicios de presión intraocular elevada son:
- Dolor intenso en los ojos
- Dolor de cabeza
- Ojos rojos
- Náuseas
- Visión borrosa
- Dilatación de la pupila
- Ver cercos de color alrededor de las luces.
- En el caso del glaucoma, disminución de la visión periférica y del campo visual «visión de túnel».
Ante cualquiera de estos síntomas, es importante acudir a un especialista en oftalmología que evalúe la gravedad del problema. El gran inconveniente es que muchas veces la hipertensión ocular no produce molestias hasta que notamos una pérdida de visión. Por este motivo, los oftalmólogos recomiendan hacerse revisiones periódicas de la vista por lo menos una vez al año o una vez cada seis meses si estamos en uno de estos grupos de riesgo:
- Personas mayores de 60 años
- Personas con antecedentes familiares de hipertensión ocular o glaucoma
- Pacientes diabéticos
- Miopes o hipermétropes altos
- Tras un uso prolongado de corticoides como la Prednisona o la Dexametasona.
- Pacientes con traumatismos o cirugías oculares previas.
- Vivir en entornos contaminados o consumir alcohol de manera continuada también son factores de riesgo para la hipertensión ocular.
Tratamiento de la hipertensión ocular
El tratamiento para la hipertensión ocular es individualizado según cada caso. A veces se soluciona con el uso de fármacos (gotas medicadas) y en los casos más graves el oftalmólogo puede recurrir a los tratamientos con láser (trabeculoplastia) o a la cirugía para reducir la presión intraocular y evitar que se dañe el nervio óptico.
Recuerda que la hipertensión ocular no se puede prevenir, pero sí se puede controlar haciendo revisiones periódicas de la vista y tratando de evitar en nuestro día a día factores de riesgo como el estrés.




