Como cada año el 1 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA con el objetivo de dar a conocer los avances científicos frente al VIH y visibilizar la enfermedad como un problema de salud pública mundial.


En 2021 el lema elegido por ONUSIDA es: «Poner fin a las desigualdades. Poner fin al SIDA. Poner fin a las pandemias», haciendo hincapié en la necesidad de garantizar un acceso equitativo a la salud, reforzando los mensajes de prevención contra el VIH y los servicios de tratamiento con especial atención a las comunidades más desfavorecidas donde se encuentran las personas vulnerables al VIH y otras pandemias.

La campaña también hace un llamamiento urgente para mantener los servicios esenciales de diagnóstico y atención a los pacientes con VIH que se han visto afectados por la crisis sanitaria a raíz de la pandemia de COVID-19 porque «el SIDA sigue siendo una pandemia, la luz roja continúa parpadeando, y sólo podremos salir de ella actuando sin demora para acabar con las desigualdades que avivan dicha pandemia» – afirman desde ONUSIDA.

¿Por qué se eligió el 1 de diciembre como Día Mundial de la Lucha contra el SIDA?

El Día Mundial de la Lucha contra el SIDA se estableció en 1988. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso el 1 de diciembre por su impacto mediático ya que en esa misma fecha, pero de 1981 se realizó el primer diagnóstico médico de la enfermedad, que en su día fue tildada como una de las epidemias más destructivas de la Historia.

A pesar de que hoy en día ha mejorado el acceso a los tratamientos antirretrovirales y se llevan a cabo campañas de prevención y sensibilización en muchos lugares del mundo, estamos aún lejos de cumplir con el compromiso compartido de acabar con el SIDA, no por falta de medios sino por las grandes desigualdades estructurales que dificultan la aplicación de soluciones efectivas en la prevención y tratamiento del VIH.

En 2015 los países se comprometieron a terminar con las desigualdades dentro y fuera de sus fronteras con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Seis años después y en medio de una pandemia que transformó radicalmente la sociedad y economía, no podemos dejar caer en el olvido nuestro compromiso de acabar con el SIDA y las desigualdades que existen en el acceso a su tratamiento.

El SIDA en cifras

Según informa ONUSIDA, en 2020 había 37,7 millones de personas diagnosticadas de VIH en el mundo, de las cuales 1,7 millones eran niños y niñas menores de 14 años (el 53% del total eran mujeres y niñas).

Anualmente fallecen cerca de 700.000 personas a causa de esta enfermedad. Se calcula que desde el comienzo de la epidemia el SIDA se cobró la vida de 35 millones de personas.

Los estudios han demostrado que las campañas de prevención son el método más eficaz para combatir el SIDA en el mundo. Desde 1997 los contagios se han reducido en un 52% pero a pesar de esta lenta mejoría, cada semana 5.000 niñas y mujeres de entre 15 y 24 años contraen la infección.

¿Cómo afecta la pandemia de COVID-19 a los enfermos de SIDA?

Desde ONUSIDA explican que los enfermos de SIDA son uno de los grupos de riesgo frente al avance de la pandemia de COVID-19. Sufren los síntomas más graves del coronavirus con mayores comorbilidades. También denuncian que a mediados del 2021 la mayor parte de los afectados de VIH no tenía acceso a la vacuna del COVID-19.

Asímismo, lamentan que las restricciones y la crisis sanitaria interrumpieran las pruebas diagnósticas retrasando el acceso a los tratamientos que mejoran la calidad de vida de los pacientes con VIH. Piden que se redoblen los esfuerzos para que puedan contar con los servicios asistenciales, las pruebas, terapias, entrega de preservativos o medicamentos.