El lipedema es una enfermedad sub-diagnosticada, crónica y progresiva que afecta casi exclusivamente a mujeres. Aunque no hay cifras oficiales, los expertos calculan que entre el 4% y el 11% de todas las mujeres del mundo presenta lipedema en algún grado.



¿Qué es el lipedema?

El signo más visible del lipedema es la acumulación anormal de tejido adiposo en las extremidades. En un 70% de los casos afecta a las piernas y sólo en un 30% a los brazos.

A pesar de haber sido identificado en 1940, el lipedema no fue reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta 2018, cuando se incluyó en la Clasificación Internacional de Enfermedades – ICD – 11.

Según una encuesta realizada en 2020 por el Hospital Virgen de la Luz y la Universidad de Castilla la Mancha en la que participaron 463 pacientes diagnosticadas con lipedema, en España se necesitan unas cinco visitas de media hasta obtener el diagnóstico correcto. Existe dificultad para diagnosticar la enfermedad en sus etapas iniciales ya que los síntomas son inespecíficos y a menudo se confunde con la obesidad.

Síntomas comunes del lipedema

Si bien en sus estadios iniciales el lipedema puede pasar desapercibido, a medida que progresa se hacen evidentes un conjunto de síntomas:

  • Acumulación anormal de grasa en el tejido subcutáneo que afecta las extremidades inferiores y, en algunos casos, a las superiores.
  • Dolor a la palpación que suele agravarse a medida que avanza la enfermedad. En los estadios más avanzados puede ser limitante.
  • Fragilidad capilar y tendencia a la formación de hematomas.
  • Sensación de picor y piel enrojecida como consecuencia de la mala circulación.
  • Rigidez articular
  • Suele ir acompañado de otras afecciones como el linfedema que se caracteriza por la hinchazón en brazos y piernas debido a la acumulación de tejido adiposo.
  • Celulitis suprarotuliana que se aprecia con mucha facilidad en la zona de las caderas y de los muslos. Por eso se confunde a veces con la celulitis sin más.
  • Figura desproporcionada entre el volumen de las extremidades y el tronco.
  • Aparición de la “copa de Cuff”, es decir, el tejido graso comienza a acumularse por encima de los tobillos mientras que los pies son normales.

Diferencias entre el lipedema y el linfedema.

Ambas patologías pueden llegar a coexistir, sobre todo en el lipedema de grado IV al haber afectación de los conductos linfáticos.

Sin embargo, existen diferencias importantes entre ambas:

  • El linfedema tiene la misma prevalencia en ambos sexos mientras que el 99% de los casos de lipedema son en mujeres.
  • El lipedema se caracteriza por la bilateralidad (afecta a ambas extremidades) mientras que el linfedema puede aparecer solamente en una pierna.
  • En el lipedema es habitual la presencia de equimosis (hematomas).
  • El linfedema tiene signo fóvea positivo, algo que no ocurre en los casos de lipedema.
  • En el lipedema casi siempre hay dolor y sensibilidad a la palpación.

Diferencias entre el lipedema y la celulitis.

El lipedema se debe diferenciar de otras patologías que también afectan al tejido graso como la celulitis. A pesar de que también pueden coexistir, se trata de dos problemas diferentes.

  • El lipedema afecta a las células más profundas del tejido adiposo mientras que la celulitis es más bien superficial.
  • Tanto la celulitis como el lipedema los factores genéticos y hormonales tienen mucho peso, pero la celulitis responde bien a cambios en el estilo de vida (dieta y ejercicio) y el lipedema no.
  • El lipedema es doloroso mientras que la celulitis no produce dolor (salvo en el caso de la celulitis endomatosa).
  • El lipedema puede presentar síntomas osteoarticulares que nunca aparecen en los casos de celulitis.
  • Un lipedema sin tratar puede derivar en un linfedema. Si bien la celulitis en los casos más graves puede provocar edema, muy raramente deriva en un linfedema.
  • En fases avanzadas el lipedema puede provocar una desproporción corporal de las extremidades con respecto al resto del cuerpo. Es algo que no ocurre cuando se trata de celulitis.

¿Cómo se diagnostica el lipedema?

No existen pruebas diagnósticas específicas que confirmen el lipedema. En la mayoría de los casos la exploración física de las extremidades y el estudio del historial clínico son el punto de partida. También existen pruebas coadyuvantes como la ecografía o la resonancia magnética. Los especialistas en flebología y cirugía vascular serán los encargados de evaluar estas pruebas.

¿Cuáles son sus causas?

Las causas del lipedema no son del todo conocidas, aunque se sabe que hay un componente genético y hormonal ya que suele intensificarse durante etapas de la vida como la pubertad, el embarazo o la menopausia. Por otra parte, factores como el hipertiroidismo y el síndrome de ovario poliquístico representan riesgo más elevado de padecer esta enfermedad.

A pesar de que todavía no está confirmado, se piensa que existe una relación con el Síndrome de Permeabilidad Intestinal. Aparece un cambio inflamatorio en la microbiota del intestino que hace que algunas citoquinas pasen al torrente sanguíneo. Estas citoquinas llegan a las células grasas y las inflaman incluso diez veces más de su volumen normal.

Lo cierto es que a día de hoy el lipedema sigue siendo una patología poco estudiada y el desconocimiento de las causas desencadenantes dificulta la posibilidad de acceder a un tratamiento eficaz.

Fases o grados del lipedema.

La sintomatología del lipedema puede variar mucho según la gravedad del caso. La enfermedad tiene una progresión muy variable y pasa por diferentes etapas.

  • Etapa 1: piel lisa y uniforme, pero con una hipodermis engrosada.
  • Etapa 2: piel irregular con desarrollo de nódulos subcutáneos palpables.
  • Etapa 3: formación de pliegues de grasa nodular que causan una deformidad severa en los muslos y pantorrillas.
  • Etapa 4: es la manifestación más grave de la enfermedad. Se caracteriza por el desarrollo de linfedema concomitante.

Tratamiento del lipedema.

A diferencia de lo que sucede en casos de obesidad, el lipedema tiene una respuesta mínima a la dieta y el ejercicio.

El tratamiento debe estar dirigido por un profesional de la salud y puede ser de dos tipos.

Conservador

Los métodos conservadores son básicamente descongestivos: drenaje linfático, vendajes compresivos, presoterapia, etc.

Por ejemplo, el drenaje linfático manual ayuda a reducir la parte edematosa del lipedema, aliviando la sensación de dolor y pesadez en las piernas.

En algunos casos se recomienda el uso de medias de compresión para aliviar la inflamación. Debes comprarlas en una ortopedia especializada y puede ser necesaria la receta de un médico vascular.

Si bien la grasa del lipedema resistente al ejercicio físico, hay varios estudios que destacan los beneficios de los deportes acuáticos (natación, aqua-spinning, aqua-jogging, etc.). El agua ejerce presión sobre los vasos sanguíneos favoreciendo el drenaje linfático.

Aunque el lipedema es resistente a los cambios en la dieta, es importante evitar los picos glucémicos de insulina ya que esto sobreestimula la formación de tejido graso. Limita el consumo de hidratos de carbono de absorción rápida (azúcares libres, ultraprocesados) y sustitúyelos por hidratos de absorción lenta (legumbres, cereales integrales).

Quirúrgico

Actualmente la liposucción es el único tratamiento efectivo para lipedema, pero la técnica empleada es diferente de la liposucción con fines estéticos. Se trata de eliminar la grasa de la manera menos traumática y para conseguirlo se utilizan técnicas como la liposucción asistida por potencia (PAL) o la liposucción asistida por agua (WAL).

En estos procedimientos se emplean cánulas más finas que en la liposucción de fines estéticos y se sigue un patrón axial o longitudinal para no lesionar el sistema linfático superficial. En el caso de la liposucción WAL el cirujano plástico se ayuda también de la presión del agua para romper las células grasas.

Normalmente se necesita más de una intervención y estas deben ir espaciadas al menos dos meses.

El postoperatorio es muy similar al de una liposucción tradicional. La paciente debe llevar una prenda compresiva durante al menos cuatro semanas para que la piel se adapte al nuevo volumen corporal.

Después de realizarse la cirugía y extraer las células de grasa patológicas, es probable que los factores hormonales desencadenaron en lipedema afecten a células nuevas, pero las que ya fueron eliminadas mediante liposucción no volverán a crecer y esto da la oportunidad de empezar desde cero y llevar un control de la enfermedad.

Por desgracia, en España estas operaciones no están incluidas en la Seguridad Social, aunque ya pasaron cinco años desde que la OMS determinó que el lipedema es una enfermedad y no es una cuestión estética.