En la actualidad somos mucho más conscientes de la importancia de cuidar nuestra alimentación. Sin embargo todavía muchas personas opinan que comer de forma sana y equilibrada tiene como principal objetivo bajar de peso. Es cierto que el consumo excesivo de calorías nos hace engordar. Alimentos como la bollería industrial, los precocinados o los snacks tienen un alto contenido graso y poco valor nutricional. Pero no sólo las personas con sobrepeso pueden beneficiarse haciendo ajustes en su dieta; los niños, los adolescentes, las mujeres embarazadas y mayores de sesenta años también necesitan comer sano para desarrollarse, estar fuertes y evitar enfermedades como el fallo cardíaco, la diabetes o la presión arterial elevada.


Las verduras de hoja verde, por ejemplo, poseen un alto contenido en vitamina A que favorece la regeneración celular. Otros alimentos como el té verde, los arándanos y los frutos secos nos aportan vitaminas C y E que retrasan el envejecimiento de la piel y tienen propiedades anticancerígenas. De acuerdo con el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, seguir una dieta rica en pescados grasos, productos de soja, frutas y verduras, reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer o demencia senil en la vejez.

A la hora de seguir una dieta es importante que esta sea lo más variada posible para evitar carencias nutricionales. Por eso lo mejor es acudir a la consulta de un nutricionista que diseñe un plan  específico para nosotras teniendo en cuenta la edad, el nivel de actividad física y nuestro estado general de salud.

Muchas dietas actuales se basan en criterios demasiado generales o incluso absurdos y no probados. Estas son algunas de las más populares.

Dietas de recuento de calorías

Toma en cuenta la cantidad de calorías que se ingieren a lo largo del día. Este tipo de dietas tiene un respaldo científico (si gastas más calorías de las que ingieres lograrás adelgazar). El problema es que suelen causar efecto rebote cuando las dejamos. Por otra parte tienen el inconveniente de que se centran únicamente en la cantidad de calorías y no en el valor nutricional de los alimentos (por ejemplo 100 gramos de lentejas cocidas tienen las mismas calorías que un par de onzas de chocolate pero no es lo mismo elegir un alimento que otro, obviamente las legumbres nos aportan más proteínas y hierro que el chocolate).

Dietas de índice glucémico

Afirman que el índice glucémico es lo que determina si un alimento engorda o no. El índice glucémico mide la velocidad con la que un alimento que contiene carbohidratos eleva el nivel de glucosa en la sangre. El aumento de glucosa en la sangre provoca la secreción de insulina, una hormona que a su vez tiene una función lipogénica (creación de células grasas).

Este tipo de dietas restringen el consumo de alimentos como el pan blanco, la patata o el arroz. Muchas veces se trata de dietas hiperproteicas (ricas en proteínas de origen animal) que a largo plazo aumentan el riesgo de padecer cáncer o enfermedades cardiovasculares. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que no es necesario ni recomendable excluir de nuestra dieta todos los alimentos con un alto índice glucémico. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la hipoglucemia aumenta la sensación temprana de hambre y esto deriva en un aumento del peso corporal.

Dietas disociadas

Son un grupo de dietas que se basan en no mezclar determinados alimentos en la misma comida (por ejemplo, hidratos de carbono y proteínas) ya que al hacerlo se favorece el aumento de peso.

Una vez más, estamos ante un tipo de dietas sin ningún respaldo científico. Las enzimas de nuestro sistema disgestivo son capaces de asimilar conjuntamente carbohidratos y proteínas sin ningún problema. Según explica un estudio publicado en International Journal of Obesity, la combinación de alimentos no influye en la pérdida de peso. El motivo por el cual las dietas disociadas ayudan a adelgazar no es por la separación de nutrientes sino porque ímplicitamente conducen a un déficit calórico ya que al preparar platos menos variados y apetecibles, solemos comer menos cantidad y esto repercute en la pérdida de peso.

Dietas milagro

No podíamos cerrar este artículo sin hablar de las famosas «dietas milagro». Se trata de dietas muy desajustadas desde el punto de vista nutricional y que pueden poner en peligro nuestra salud. Suelen aparecer en revistas, blogs y programas de televisión. Todas ellas tienen características en común: nos prometen una pérdida rápida de peso sin esfuerzo y sin hacer ejercicio, se basan en el consumo de un único alimento o de un número restringido de alimentos. Además, nos animan a comprar determinados productos dietéticos como batidos o infusiones diuréticas que si bien en sí mismos no son malos, pueden ser perjudiciales cuando se nos anima a utilizarlos para sustituir comidas completas.

Normalmente este tipo de dietas extremas funcionan por un tiempo pero después tienen un fuerte efecto rebote ya que el cuerpo se habitúa a realizar las funciones metabólicas con muy poca energía y al volver a comer normalmente en seguida acumulamos esas calorías en forma de grasa.

Conviene ser precavidas y ponernos en manos de profesionales médicos para cualquier cambio relacionado con nuestra dieta. No existen fórmulas mágicas y para obtener resultados a largo plazo la única solución es trabajar en nuestros hábitos alimenticios y llevar un estilo de vida más saludable.