Si las dietas milagro son el enemigo número uno de nuestra salud cuando se acerca el verano, el uso indiscriminado de las saunas y diuréticos es el número dos.


Erróneamente solemos pensar que ir a la sauna o tomar diuréticos nos ayuda a deshacernos de los kilos de más, pero en realidad esto no es así. A decir verdad, solamente estamos perdiendo agua del cuerpo y provocando cierto grado de deshidratación momentánea que volveremos a recuperar en el momento de beber.

Las saunas pueden parecer milagrosas. Al salir de ellas podemos pesar hasta un kilo menos, pero ¡no nos engañemos! la grasa sigue ahí. Todo el volumen perdido es líquido.

Es cierto que las saunas tienen muchos beneficios para la salud. Si las utilizamos adecuadamente son fantásticas para eliminar toxinas del organismo, mejorar la circulación de la sangre o aliviar los dolores de la artritis. Pero si nos excedemos en el tiempo o en el número de sesiones podríamos llegar a deshidratarnos o sufrir una bajada de la presión arterial. Por regla general, se recomienda no sobrepasar los 15 minutos en el interior de la sauna. Las personas con problemas cardíacos deben consultar con su médico antes de acudir regularmente a la sauna.

Con los diuréticos sucede algo similar, por una parte son buenos si tenemos retención de líquidos ya que nos ayudan expulsar toxinas y sustancias de desecho, pero por desgracia tampoco sirven para deshacernos del exceso de grasa. A día de hoy la dieta y el ejercicio son la única solución eficaz para bajar de peso.

Dicho en otras palabras, las saunas y diuréticos no hacen milagros aunque en algunos casos nos ayudan a mejorar las funciones del organismo y a perder volumen si acumulamos un exceso de líquido. Eso sí, debemos llevar cierto control para no poner en riesgo nuestra salud.