La boca es con toda probabilidad la parte del cuerpo más expuesta a la acción bacteriana, y esto se debe a los alimentos que consumimos a lo largo del día. Para gozar de una buena salud oral es indispensable seguir unas pautas de higiene dental y acudir regularmente a la consulta del dentista para hacerse limpiezas profesionales y detectar a tiempo problemas que son incipientes pero que podrían agravarse si no se les presta la atención necesaria. Hoy te hablaremos de la uvulitis y del sarro dental, dos afecciones causadas por bacterias y microorganismos que se van acumulando en nuestra boca comida tras comida. Para redactar este artículo nos hemos basado en dos publicaciones del Dr. Javier Ortiz de Urbina, CEO de la Clínica Dental Urbina.

Uvulitis

Es la inflamación de la úvula o campanilla, un pequeño músculo fusiforme que cuelga en el borde inferior del paladar blando. Antiguamente se pensaba que esta estructura era vestigial, pero hoy en día sabemos que su función es evitar que los alimentos entren en la cavidad nasal. También colabora con la emisión de sonidos al hablar, junto con otras partes de la boca como la lengua o el paladar.

La úvula inflamada puede deberse a muchas causas, aunque el desencadenante habitual es una infección bacteriana provocada por Streptococcus pyogenes, un grupo de bacterias patógenas que se relacionan también con otros procesos de tipo infeccioso como las faringitis agudas.

Otras causas comunes de la uvulitis son:

  • Lesiones en la parte posterior de la garganta.
  • Reacción alérgica al polvo, al polen o a ciertos alimentos.
  • Ingerir un producto tóxico por error.
  • Reflujo gástrico.
  • Fumar incrementa el riesgo de sufrir uvulitis, ya que la nicotina y la acción corrosiva del calor debilitan la mucosa de la cavidad bucal que sirve de barrera protectora frente a las bacterias patógenas.

¿Cuáles son los síntomas de la uvulitis?

El síntoma más apreciable e inequívoco es el enrojecimiento e inflamación de la úvula. Además, pueden darse otras molestias como tos, dificultades para tragar, producción excesiva de saliva y sensación de arcadas o de tener algo atascado en la garganta.

Diagnóstico y tratamiento

Existen diferentes pruebas diagnósticas que puede realizar el odontólogo para descubrir las posibles causas de la uvulitis: análisis de sangre, pruebas de alergias, radiografía del cuello o cultivo de la mucosa oral.

El tratamiento estará en función de la causa que origina la inflamación. Si es de tipo infeccioso, el especialista puede prescribir el uso de antibióticos específicos para combatir el agente patógeno. En cambio, si tiene un origen alérgico, se puede recurrir al uso de los antihistamínicos o de los esteroides para reducir la inflamación.

Es importante seguir en todo momento las indicaciones del médico y no tomar fármacos por nuestra cuenta. Si se presentan complicaciones como fiebre alta o dificultades para respirar debemos buscar atención médica inmediata.

Sarro dental

Si la uvulitis, como acabamos de ver, es una patología que puede deberse a múltiples causas, la razón por la que aparece el sarro dental es siempre la misma: la acumulación de placa bacteriana que termina calcificándose y formando depósitos minerales.

Saber si tienes sarro dental es muy sencillo ya que se aprecia a simple vista como una capa de tonalidad amarillenta o marrón sobre la superficie del diente. Por lo general, comienza justo encima de las encías y se va extendiendo por toda la pieza.

El sarro no duele ni causa molestias y por eso muchas personas opinan que es sólo un problema estético. Sin embargo, si lo desatendemos puede poner seriamente en peligro la salud de nuestra boca.

La consecuencia más grave de la acumulación de placa bacteriana es la enfermedad periodontal ya que puede ocasionar daños en el esmalte, pérdida de la pieza dental y del hueso que la sostiene. Otras consecuencias habituales de la presencia de sarro son la gingivitis (que provoca inflamación y sangrado de encías), caries y halitosis bucal o mal aliento. Si el sarro continúa sin ser eliminado, seguirá acumulándose hasta provocar la retracción de la encía.

¿Por qué aparece el sarro dental?

La causa más común del sarro es una higiene dental inadecuada pues, a pesar de que muchas personas se lavan los dientes a diario, no todo el mundo se los cepilla correctamente. La placa suele acumularse en los lugares de difícil acceso (de ahí que sea necesario el uso del hilo dental). Las personas con malposiciones dentales son más propensas a la formación de sarro.

La dieta es otro factor determinante. Los alimentos ultraprocesados, las bebidas azucaradas, el vino o el té contribuyen a la acumulación de placa bacteriana si no nos limpiamos muy bien los dientes después de consumirlos.

Además, algunas personas tienen una predisposición mayor a la formación de cálculos dentales. Esto tiene que ver con el pH de la saliva: si es ácido existe más propensión a sufrir caries y si es más alcalino el riesgo de tener sarro es mayor.

¿Cómo combatir el sarro dental?

El sarro dental no se puede eliminar en casa, ni con el cepillado, ni con remedios caseros o hilo dental. Una vez que la placa se ha mineralizado sobre el esmalte hasta volverse sólida y dura, la única opción que tienes es visitar a tu dentista para que te haga una limpieza profesional. La técnica empleada consiste en hacer un raspado coronal, empleando un aparato con ultrasonidos que ayuda a que el sarro se desprenda fácilmente de los dientes. Es un tratamiento indoloro y que no requiere anestesia. Sin embargo, si el problema está muy avanzado y la placa se ha instalado debajo de la encía (sarro subgingival) no es suficiente con hacer una limpieza convencional. En estos casos la técnica empleada se llama «raspado y alisado radicular» o «curetaje dental». Mediante el uso de curetas se limpia el sarro que se acumula por debajo de la línea de la encía. Es un procedimiento que provoca sangrado y molestias por lo que se suele emplear anestesia local.

Recuerda que prevenir es curar y la mejor forma de evitar que se forme sarro es mantener una buena higiene dental, lavarse la boca después de las comidas principales y usar hilo dental para eliminar los restos que pueden depositarse en las zonas de difícil acceso.

Una dieta baja en azúcares también ayuda a prevenir el sarro. Modera el consumo diario de refrescos y caramelos y trata de masticar frutas y verduras de textura dura (como las manzanas) ya que es una buena forma de cuidar el esmalte.

Si eres una persona con tendencia a acumular sarro, ya sea por tus hábitos alimenticios o por cualquier otra razón, lo mejor es que acudas dos veces al año a la consulta del dentista para hacerte una limpieza profesional. En el resto de casos suele ser suficiente con una limpieza anual, a no ser que lleves brackets o por algún otro motivo tu dentista te aconseje limpiezas más frecuentes.

Fuente: Información por el Dr. Javier Ortiz de Urbina Hidalgo, CEO de Clínica Dental Urbina