La tecnología IPL (luz pulsada intensa) tiene muchas aplicaciones en el campo de la medicina estética, siendo especialmente útil en dermatología para mejorar la apariencia de la piel y combatir los primeros signos de la edad: arrugas, flacidez, manchas, capilares rotos o falta de luminosidad.

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Gracias a una máquina que emite luz de varias longitudes de onda, la luz pulsada puede llegar a las capas más profundas de la piel, estimulando la formación de colágeno.

Cada sesión dura aproximadamente 20 minutos y puede aplicarse sobre rostro, cuello o escote. Los resultados se apreciarán desde el primer momento pero dependiendo de los objetivos y del estado de la piel del paciente, pueden ser necesarias varias sesiones.

Es normal notar cierto enrojecimiento y sensación de calor después del tratamiento, pero el proceso es totalmente indoloro, tiene una recuperación rápida y nos permite retomar nuestra vida normal al instante (incluso podemos maquillarnos). Se trata de una técnica no ablativa o no invasiva, no implica la extracción de tejidos.

Después de un tratamiento antiaging con luz pulsada, el dermatólogo especialista nos recetará una crema para aplicarnos en casa. También es importante que evitemos las exposiciones solares directas y usemos protector solar antes de salir a la calle.

La técnica de rejuvenecimiento facial con IPL no está recomendada para mujeres embarazadas o para aquellas que tengan la piel oscura ya que puede presentarse pigmentación desigual.

Como en cualquier tratamiento de medicina estética, te recomendamos que consultes tu caso previamente con un especialista y acudas siempre a un lugar preparado y con profesionales cualificados en el uso de esta maquinaria.