La Rhodiola rosea, también conocida como “rosa polar”, “raíz de oro” o “raíz ártica” es una planta herbácea originaria de las regiones frías del hemisferio norte como las montañas Altái de Siberia, Escandinavia, Islandia, Groenlandia y el Ártico. Aunque también la encontramos en la cordillera del Himalaya, en los Cárpatos, en los Alpes y en las latitudes septentrionales de Canadá y Estados Unidos.


Crece de forma silvestre en acantilados, praderas y orillas de ríos a unos 3000 metros sobre el nivel del mar donde las temperaturas son muy bajas y el oxígeno escasea. Esta asombrosa resistencia a condiciones extremas intrigó a los botánicos desde tiempos remotos.

Curiosidades sobre la Rhodiola rosea

La Rhodiola rosea es una planta sorprendente. Puede alcanzar una altura de entre 30 y 76 cm, y sus flores, de un llamativo color amarillo o púrpura, florecen durante el verano, pero no lo hacen hasta que la planta ha alcanzado los 7 u 8 años de vida. Se trata de una especie extraordinariamente longeva: puede vivir más de 80 años, aunque tarda unos 20 años en alcanzar su madurez plena.

Desde el punto de vista botánico, pertenece a la familia de las crasuláceas (Crassulaceae), un grupo de plantas perennes con hojas suculentas, adaptadas para almacenar agua y sobrevivir en climas fríos y secos. El género Rhodiola cuenta con más de 200 especies, pero la Rhodiola rosea es la más utilizada en fitoterapia por sus propiedades medicinales y terapéuticas.

Una historia milenaria

Ha formado parte de la medicina tradicional de muchas culturas. El médico y botánico griego Dioscórides, considerado el padre de la farmacología, la mencionó ya en el año 77 d.C. en su célebre tratado De materia medica, refiriéndose a ella como “Rodia riza”.

En la Suecia del siglo VIII, los vikingos la consumían como un tipo de bebida energizante natural para mejorar su fuerza y resistencia en las batallas y travesías marítimas.

En la antigua China imperial, especialmente durante las dinastías Tang (618–907) y Qing (1644–1912), los emperadores enviaban expediciones al Himalaya para recolectarla, fascinados por su capacidad para fortalecer el cuerpo frente a la fatiga y el clima extremo.

Por su parte, los médicos mongoles la usaban como remedio contra la gripe, infecciones pulmonares y tuberculosis, mientras que en Siberia era muy valorada para aumentar la resistencia al frío polar y mejorar la vitalidad.

De la tradición a la ciencia moderna

Aunque su uso era ancestral, no fue hasta el siglo XVIII que la Rhodiola rosea fue documentada en la literatura científica occidental. Su inclusión en la primera edición de la Farmacopea Sueca (Swedish Pharmacopoeia) de 1775 marcó un hito: allí se reconocía su uso médico tradicional en Escandinavia y se comenzaban a estandarizar sus aplicaciones como remedio herbal.

Ya en el siglo XX, especialmente en la década de 1960, la Unión Soviética impulsó una intensa investigación sobre plantas adaptógenas. La Rhodiola rosea fue una de las más estudiadas, y sus extractos se administraron a astronautas, atletas olímpicos, militares y trabajadores de alto rendimiento. Sin embargo, muchos de estos estudios fueron clasificados como confidenciales, y su difusión fuera de la URSS fue muy limitada durante décadas.

Hoy en día, las propiedades medicinales de la Rhodiola rosea están reconocidas oficialmente por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) que aprobó su uso en 2011 para aliviar los síntomas del estrés y la fatiga, incluyéndola en su lista de plantas medicinales aprobadas dentro del marco de fitoterapia basada en evidencia.

Una planta considerada adaptógena

El concepto de los adaptógenos está presente desde hace miles de años en la medicina ayurvédica y en la medicina tradicional china donde se conocen como “tónicos superiores”. Algunos ejemplos conocidos son el ginseng, Schisandra, hongo reishi y, por supuesto, la Rhodiola rosea.

Sin embargo, su popularidad comenzó a partir de 1947, en el marco de la Guerra Fría, un conflicto ideológico y político entre el bloque occidental, representado por Estados Unidos y el bloque oriental liderado por la Unión Soviética. El clima de rivalidad se extendió a todos los ámbitos desde la carrera, armamentística a la conquista del espacio, la ciencia y el deporte.

El gobierno soviético encargó al farmacólogo Nicolai Lazarev que centrara sus investigaciones botánicas en la mejora del rendimiento de sus soldados. Junto a su alumno, el Dr. Israel Brekhman descubrieron las propiedades específicas de ciertas plantas a las que llamaron “adaptógenos”.

Un adaptógeno es “todo agente que permita al organismo contrarrestar los estresores físicos, químicos o biológicos generando una resistencia no específica”.

Las plantas adaptógenas reducen los niveles de estrés, mejoran en la concentración e incluso la resistencia física sin producir efectos secundarios.

En la década de 1960, Israel Brekhman, convertido en jefe del Departamento de Fisiología y Farmacología de la Adaptación en Vladivostok, retomó los trabajos de su profesor, analizando el potencial adaptógeno de diferentes plantas. La Rhodiola rosea resultó ser una de las más prometedoras por su capacidad de mejorar el rendimiento físico y disminuir la fatiga.

Sin embargo, como ya mencionamos, estos estudios fueron inaccesibles durante décadas fuera de la Unión Soviética. No fue hasta 1969 que la revista científica estadounidense Annual Review of Pharmacology publicó una revisión de más de 15 años de investigación, donde se detallaban los efectos de extractos de adaptógenos como el ginseng, la Rhodiola y la Schisandra. Esto marcó el comienzo del reconocimiento internacional de estas plantas y su entrada en el ámbito de la medicina natural moderna.

¿Cuál es la composición de la Rhodiola rosea?

Los principios activos de la Rhodiola rosea se concentran principalmente en la raíz. Además de vitaminas, minerales, grasas y carbohidratos, posee al menos seis grupos diferentes de fitoquímicos que destacan por sus propiedades medicinales:

  • Fenilpropanoides: rosavina, rosina y rosarina, conocidos como “rosavinas”.
  • Derivados del feniletanol: salidrósido (rodiolósido) y tirosol.
  • Flavonoides: rodionina, rodiosina, acetilrodalgina y tricina
  • Monoterpenos: rosiridol, rosaridina, rodiolósidos A-E
  • Triterpenos: daucosterol, β-sitosterol
  • Ácidos fenólicos: ácido clorogénico, hidroxicinámico y gálico.

A pesar de que en fitoterapia no podemos hablar de un único principio activo, se ha encontrado que el responsable principal de los efectos terapéuticos de la Rhodiola es un fenilpropanoide llamado rosavina que es único en esta especie.

Otros principios activos importantes son los flavonoides como las procianidinas y los derivados del feniletanol como el salidrósido y el tirosol. Parece que estos compuestos son responsables de su acción antidrepresiva y ansiolítica.

Todos estos componentes trabajan en sinergia, potenciando la acción adaptógena de la Rhodiola rosea.

Además, la composición de la planta puede variar según su origen. Por ejemplo, la Rhodiola rusa es conocida por su alta concentración de rosavina, mientras que otras variedades como la búlgara o la china presentan una composición diferente.

Beneficios demostrados de la Rhodiola rosea

La Rhodiola rosea tiene propiedades adaptógenas, antidepresivas, antioxidantes e inmunoestimulantes.

 

A continuación, dejamos un pequeño resumen de sus beneficios reconocidos por la ciencia.

Reduce el estrés

Es una de las mejores plantas medicinales para combatir el estrés.

Actúa sobre sistema nervioso reduciendo los corticoesteroides y las catecolaminas que liberan las glándulas suprarrenales cuando sufrimos estrés.

También ejerce su actividad sobre el sistema neuroendocrino, concretamente en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), modulando los mecanismos centrales de respuesta al estrés.

Ensayos científicos:

  • Un estudio realizado en 2017 por la Universidad de Psiquiatría de Viena (Austria) y publicado en la revista Neuropsychiatric Disease and Treatment, evaluó la efectividad del extracto de Rhodiola para el tratamiento del estrés. Participaron un total de 118 pacientes a los que se administró una dosis diaria de 400 mg. de extracto de Rhodiola rosea durante 12 semanas. Los resultados demostraron una clara mejoría de los síntomas del estrés sin apenas efectos adversos.
  • Otro estudio publicado en 2018 por la revista International Journal of Psychiatry in Clinical Practice reveló que tomar suplementos de Rhodiola puede prevenir el estrés crónico y sus complicaciones asociadas.
  • Otro ensayo clínico publicado en Phytotherapy Research encontró que consumir 400 mg. de extracto de Rhodiola al día durante 4 semanas, mejora significativamente los síntomas del estrés.
  • Otra investigación publicada en la revista Planta Medica en la que participaron 60 personas con fatiga vinculada al estrés, demostró que tomar 756 mg. de extracto de Rhodiola al día reduce el agotamiento y aumenta los niveles de atención.
  • Además, diferentes estudios preliminares sugieren que podría ser útil para reducir los síntomas del TAG (trastorno de ansiedad generalizada).

Para que los suplementos de Rhodiola funcionen de manera óptima es necesario empezar a tomarlos algunas semanas antes del periodo de estrés.

Mejora el estado de ánimo

La Rhodiola rosea ha sido investigada en el campo de la salud mental por su capacidad de aliviar los síntomas de la depresión leve a moderada.

Esta planta inhibe la actividad de enzimas como las monoamino-oxidasas (subtipos MAO-A y MAO-B) que degradan neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, conocidas por su acción antidepresiva.

Además, parece influir en los sistemas de neurotransmisión GABA-érgicos y opioide, implicados en la percepción del dolor.

Ensayos científicos:

  • Un estudio publicado en 2007 en la revista Nordic Journal of Psychiatry investigó la utilidad de la Rhodiola rosea como monoterapia para reducir los síntomas de la depresión leve. El ensayo clínico de fase III se llevó a cabo como un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo con grupos paralelos durante 6 semanas. Se utilizaron cuestionarios como Beck Depression Inventory and Hamilton Rating Scale for Depression (HAMD) para excluir a los participantes que no se ajustaban a los parámetros de depresión leve. Los pacientes fueron aleatorizados en tres grupos: un grupo A (31 pacientes) recibió dos comprimidos diarios de SHR-5 (340 mg/día), un grupo B (29 pacientes) recibió dos comprimidos dos veces al día de SHR-5 (680 mg/día), y un grupo C (29 pacientes) recibió dos comprimidos de placebo al día. Después de 42 días se valoraron los resultados. Los individuos de los grupos A y B mostraron una clara mejoría en síntomas depresivos como el insomnio y la inestabilidad emocional. El grupo del placebo no mostró ninguna mejoría. Se concluyó que el extracto estandarizado SHR-5 tiene potencial antidepresivo cuando se administra en pacientes con depresión leve a moderada, en dosis de 340 ó 680 mg/día durante un periodo de 6 semanas.
  • Otra investigación publicada en Phytomedicine, comparó sus efectos con los de la sertralina. Se llegó a la conclusión de que, aunque el fármaco es más potente, la Rhodiola rosea tiene menos efectos adversos y es mejor tolerada.

No obstante, hay que insistir que, a pesar de estos resultados prometedores, no es un tratamiento para la depresión y se requieren más estudios para su uso habitual en cuadros de este tipo.

Mejora el rendimiento físico y mental

Desde la década de 1960 se han publicado más de 150 ensayos clínicos sobre la utilidad de la Rhodiola rosea para combatir la fatiga física y mental.

El extracto de esta planta aumenta los niveles de ATP (trifosfato de adrenosina) y CP (fosfato de creatina), dos fuentes importantes de energía celular que utiliza nuestro organismo.

Ensayos científicos:

  • Un estudio aleatorizado doble ciego controlado con placebo, evaluó los efectos de la Rhodiola rosea en la resistencia, fuerza muscular, tiempo de reacción y velocidad de movimiento de las extremidades. Los resultados determinaron que la suplementación con Rhodiola rosea puede mejorar el rendimiento de los deportistas jóvenes y sanos.
  • Otro ensayo aleatorizado doble ciego con 18 participantes que consumieron extracto de Rhodiola rosea o un placebo una hora antes de una prueba de ciclismo, demostró los efectos de esta planta en el rendimiento al disminuir la percepción del esfuerzo.
  • Aun así, se desestima que pueda afectar a la fuerza o potencia de los músculos.

Algunas investigaciones sugieren que puede mejorar también el rendimiento cognitivo, incluyendo la memoria y la concentración:

  • Un estudio piloto doble ciego con estudiantes descubrió que tomaron suplementos de Rhodiola durante 20 días demostró que calificaciones subieron un 8%, lo que señala la capacidad de esta planta para combatir la fatiga mental.
  • Otro estudio en el que participaron 56 médicos que trabajaban de noche, encontró que el extracto de Rhodiola es eficaz para combatir la fatiga mental y mejorar el rendimiento laboral.

Refuerza el sistema inmunitario

La Rhodiola rosea también destaca por sus propiedades inmunomoduladoras. Esto significa que puede regular las funciones del sistema inmunitario, mejorando la capacidad de respuesta para combatir infecciones y otras enfermedades.

Además, disminuye la producción de determinadas citocinas (TNF-α, IL-1β, IL-6) relacionadas con la inflamación.

Ensayos científicos:

  • Un estudio del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de Seúl investigó los efectos de los principios activos de la Rhodiola rosea sobre la expresión de citocinas proinflamatorias en células microgliales expuestas a lipopolisacárido (LPS). Se observó una supresión de estas citocinas tanto in vitro como en modelos murinos tratados con LPS, demostrando un potente efecto antiinflamatorio tanto a nivel central como periférico.

Previene el deterioro cognitivo

La Rhodiola rosea ayuda a proteger el sistema nervioso del daño oxidativo provocado por los radicales libres. Al salidrósido se le atribuyen propiedades antioxidantes y protectoras vasculares, así como la capacidad de regular al alza los factores de biogénesis mitocondrial.

Protege las neuronas corticales humanas de la toxicidad de las placas beta amiloides características del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, hacen falta más investigaciones al respecto.

Ensayos científicos:

  • Un estudio investigó los efectos de la Rhodiola rosea en ratas con deterioro cognitivo inducido por estreptozotocina en el cerebro (modelo de Alzheimer). Los resultados mostraron que este tratamiento protege contra el déficit cognitivo, el daño neuronal hipocampal y el estrés oxidativo, evidenciado por una reducción en los niveles de malondialdehído (MDA) y un aumento de enzimas antioxidantes como la glutatión reductasa y el glutatión reducido. No obstante, todavía faltan ensayos clínicos en humanos para confirmar estos beneficios.

Promueve la salud vascular

El salidrósido promueve la salud cardiovascular gracias a su acción sobre la función endotelial.

Se piensa que la Rhodiola rosea tiene efectos positivos para controlar la hipertensión, un factor de riesgo para el infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca y derrames cerebrales.  También ayuda prevenir enfermedades como la arterosclerosis que es común en personas de la tercera edad y fumadores y una de las causas principales de ataque al corazón y accidente cerebrovascular.

Ensayos científicos:

  • Un estudio de 2012 publicado en Phytotherapy Research demostró la utilidad de esta planta para reducir la presión arterial sistólica en ratas hipertensas.
  • Otro estudio de 2006 con conejos evaluó el efecto del extracto etanólico e hidroalcohólico de Rhodiola rosea sobre la enzima convertidora de angiotensina (ACE). Ambos extractos mostraron una inhibición significativa de la ACE, con una actividad del 38,5 % para el extracto etanólico, sugiriendo un posible mecanismo antihipertensivo similar a los fármacos inhibidores de la ECA.
  • Otro ensayo preclínico publicado en 2022 encontró que el salidrósido de Rhodiola rosea mejora la función endotelial, relaja los vasos sanguíneos, reduce el estrés oxidativo y frena la progresión de la aterosclerosis en animales.

Aun así, es importante no sustituir los medicamentos recetados por el médico por plantas medicinales.

Regula los niveles de azúcar en sangre

La diabetes es una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo y que se caracteriza por un nivel elevado de glucosa en sangre. Los diabéticos son más propensos a desarrollar enfermedades cardiacas o renales.

El compuesto de salidrósido hallado en la Rhodiola rosea ha demostrado ser eficaz para prevenir la diabetes tipo 2 y la nefropatía diabética en estudios de laboratorio con ratas.

Ensayos científicos:

  • Una investigación publicada en Frontiers in Pharmacology en el año 2017 demostró que en ratones diabéticos que el salidrósido disminuye el estrés oxidativo, mejora la función y supervivencia de las células β pancreáticas, y reduce la glucemia mediante la activación de la vía AMPK-Akt.
  • Otro estudio de 2015 del Dr. Tao Zheng confirmó que el salidrósido mejora la resistencia a la insulina en ratones, activando una vía mitocondrial AMPK/PI3K/Akt/GSK3β, clave para el control del metabolismo de la glucosa.

Sin embargo, se necesitan más estudios en sujetos humanos.

Protege las células hepáticas

El hígado órgano es el órgano responsable de filtrar las toxinas de nuestro cuerpo, pero las dietas basura, el consumo frecuente de alcohol o ciertos medicamentos como el paracetamol (cuando se toma en cantidades superiores a 4 gramos diarios) pueden dañar las células hepáticas.

Ensayos científicos:

  • Un estudio de 2014 en ratas demostró que el extracto de Rhodiola imbricata (una especie emparentada) puede proteger el hígado del daño inducido por fármacos.
  • Otro estudio de 2016 publicado en BMC Pharmacology and Toxicology demostró que el salidrósido de la Rhodiola rosea reduce el riesgo de desarrollar hígado graso en ratas con esteatohepatitis no alcohólica inducida por dieta.

Posible efecto antitumoral

El salidrósido ha sido investigado por sus propiedades antitumorales. Estudios in vitro y en animales sugieren que puede ser eficaz como apoyo en el tratamiento de diferentes tipos de cáncer. Además, gracias a su alto contenido en antioxidantes, la Rhodiola rosea ayuda a proteger las células sanas durante las sesiones de radioterapia.

Ensayos científicos:

  • Según una investigación publicada en Molecular Carcirogenesis, el salidrósido restringe el crecimiento de células tumorales de vejiga al inducir autofagia y bloquear la vía mTOR, mientras deja intactas las células sanas.
  • Otro estudio de 2015 publicado Oncology Reports encontró que el salidrósido reduce la proliferación, migración e invasión de células MCF‑7 (cáncer de mamá) en cultivo, induce apoptosis y detiene el ciclo celular en G0/G1; también disminuye el estrés oxidativo y bloquea la señalización MAPK.

Estos estudios son todavía preliminares y es importante interpretarlos con cautela, ya que se necesitan más investigaciones clínicas en humanos para confirmar su eficacia y seguridad.

¿Cómo tomar la Rhodiola rosea?

Infusión de Rhodiola

La Rhodiola rosea se puede consumir en infusiones o suplementos. Con la raíz seca se prepara el té de Rhodiola, una bebida muy popular en las zonas árticas europeas. Se utiliza para calmar la ansiedad y prevenir gripes y resfriados.

Los suplementos de Rhodiola se comercializan en forma de cápsulas y extractos líquidos. Pueden comprarse en tiendas de dietética y nutrición o a través de Amazon.

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Se consideran eficaces los suplementos que tienen al menos un 3% de rosavina y 1% de salidrósido. La dosis recomendada es de 300-400 mg/ día durante 12 semanas. Esto equivaldría a una o dos cápsulas al día, según la concentración de cada suplemento.

Precauciones y efectos adversos

Un estudio publicado en la revista Phytomedicine afirma que tomar suplementos de Rhodiola es seguro para el organismo siempre que se tome en las dosis recomendadas (no superar los 600 mg. diarios)

Los efectos adversos de la Rhodiola rosea son más leves que los de otras plantas adaptógenas. Los más comunes son mareos, sequedad bucal o dolor de cabeza. No se recomienda tomarla por la noche, ya que podría producir trastornos del sueño por su acción estimulante.

Además, es importante prestar atención a posibles reacciones alérgicas como erupciones cutáneas, picazón o hinchazón de la garganta. Si esto ocurre debemos interrumpir la ingesta inmediatamente y consultar con un médico.

¿Quiénes no deberían tomar suplementos de Rhodiola rosea?

Los suplementos de Rhodiola rosea están desaconsejados en mujeres embarazadas, niños y pacientes que tienen recetados inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO).

También podría ser perjudicial para pacientes con enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple debido a sus propiedades inmunomoduladoras.

Interacciones con otros fármacos:

  • Puede provocar taquicardia en combinación con otros fármacos antidepresivos
  • Tiene propiedades hipoglucemiantes y podría reducir el nivel de glucosa en pacientes diabéticos que usan insulina
  • Puede reducir la presión arterial en pacientes que toman fármacos para bajarla. En estos casos es importante ajustar la dosis del extracto de Rhodiola
  • Puede aumentar el efecto de anticoagulantes como la warfarina y de algunos antiinflamatorios.

Si padeces alguna enfermedad crónica y tienes un tratamiento pautado, consulta con tu caso con un profesional de la salud antes de empezar a tomar suplementos de Rhodiola rosea.