Aunque en el último año prácticamente toda la atención sanitaria se ha centrado en la pandemia de COVID-19, conviene no olvidar que existen otras enfermedades infecciosas que pueden atacar nuestras defensas, especialmente en los meses de verano, y una de ellas es la salmonelosis.


¿Qué es la salmonelosis?

La salmonelosis es una enfermedad bacteriana que afecta al sistema digestivo. Está ocasionada por un microorganismo llamado salmonella que vive generalmente en los intestinos de los animales o de los humanos y se libera a través de las heces. La ingestión de alimentos o aguas contaminadas es el principal foco de contagio de la salmonelosis.

Los síntomas suelen aparecer dentro de las 8-72 horas posteriores a la infección (aunque algunas personas son asintomáticas). Se caracteriza por producir fiebre, diarrea, vómitos o dolor abdominal.

Algunos aspectos que debes tener en cuenta sobre la salmonelosis:

  • La salmonella no es una bacteria en concreto sino una familia amplia que incluye diferentes tipos de bacterias.
  • La acidez del estómago actúa como barrera protectora frente a los microorganismos. Las personas que toman antiácidos son más vulnerables ante la enfermedad.
  • La diarrea es una de las principales señales de alerta de salmonelosis. Esta puede ser leve o severa en función del tipo de bacteria salmonella que haya producido la infección o de la carga bacteriana.
  • La mayoría de los casos de salmonelosis se dan en verano y el foco principal de contagio son los alimentos de origen animal: huevos, carnes, pescados, mariscos crudos o poco cocidos y leche no pasteurizada. Sin embargo, todos los alimentos (incluidos los vegetales) pueden contaminarse.
  • Las altas temperaturas destruyen por completo el microbio, por lo tanto la mejor forma de asegurarse de que un alimento no contiene salmonella es que esté perfectamente cocinado. Esto no evita, sin embargo, que el alimento pueda contaminarse una vez cocinado al ser manipulado por manos o utensilios que transporten el microorganismo.

La importancia de las medidas higiénicas.

  • Una correcta higiene de manos es clave para prevenir la enfermedad. Debemos lavarnos bien las manos antes y después de preparar la comida, de tocar a nuestras mascotas o de ir al lavabo.
  • También debemos lavar con agua los vegetales y frutas que deban consumirse crudos.
  • En cuanto a las carnes o el pescado, debemos cocinarlos bien antes de su consumo. También se recomienda evitar los derivados del huevo crudo como las mayonesas caseras.
  • Una persona contagiada por salmonelosis se convierte en portadora de la enfermedad durante un periodo que puede oscilar desde unos cuantos días a varios meses. Esa persona a su vez, puede transmitir la bacteria al no lavarse bien las manos después de ir al baño y manipular alimentos que se consumirán sin cocinar (por ejemplo el pan). Por eso es muy importante que los sujetos portadores sean extremadamente cuidadosos con las medidas de higiene.

El tratamiento

Consiste por lo general en reponer los líquidos y electrolitos perdidos por la diarrea evitando así la deshidratación. Los antidiarreicos en este caso están desaconsejados ya que el cuerpo debe eliminar la bacteria a través de las heces o de lo contrario podría prolongarse el proceso infeccioso.

En personas adultas sin problemas previos de salud, los síntomas desaparecen a los 4-7 días sin otro tratamiento que la reposición de líquidos y dieta astringente.

En el caso de los bebés, personas de edad avanzada o pacientes con el sistema inmunológico deprimido, la infección puede agravarse siendo necesario el uso de antibióticos (a criterio del médico especialista) o incluso la hospitalización.

Por lo tanto, ante la presencia de síntomas siempre debemos consultar a un profesional de la salud y ser precavidas para no contagiar la enfermedad a otras personas de nuestro entorno.