A todas nos ha pasado alguna vez, esa sensación de que el suelo se desvanece bajo nuestros pies, la vista se nubla y, de repente, el mundo se apaga por unos instantes. Quizás te ocurrió al levantarte demasiado rápido, tras un susto o en un día de calor agobiante. Esos segundos de oscuridad total suelen terminar con un despertar confuso en el suelo o en un sofá, rodeada de gente preocupada.


Normalmente la pérdida de conocimiento dura 1 ó 2 minutos. Luego la persona vuelve en sí, aunque es muy común que después persistan síntomas como mareos, náuseas o una debilidad generalizada que puede durar un buen rato. Pero, ¿son realmente peligrosos los desmayos? ¿Deberíamos darle importancia a estos episodios transitorios o simplemente ignorarlos como un «bajón» momentáneo? En este artículo te ayudaremos a resolver algunas dudas.

¿Qué es un desmayo?

Un desmayo, también conocido como síncope, es una pérdida brusca y transitoria de la conciencia. Se produce porque el cerebro deja de recibir suficiente flujo sanguíneo durante unos segundos.

Cuando esto ocurre, el cuerpo “se apaga” momentáneamente como mecanismo de protección. Al caer al suelo, la posición horizontal facilita que la sangre vuelva a llegar al cerebro, lo que explica por qué la recuperación suele ser rápida y espontánea.

Es importante no confundirlo con el mareo. El mareo puede ser progresivo, durar más tiempo y no implica necesariamente pérdida de conocimiento. En cambio, el síncope tiene un inicio más brusco y suele acabar con la persona inconsciente durante un breve periodo.

Casusas habituales del desmayo

Los desmayos pueden tener múltiples causas, la mayoría de ellas benignas. Aun así, entender qué los provoca es clave para prevenirlos.

Algunas de las causas más frecuentes son:

  • Problemas cardíacos: alteraciones en el ritmo cardíaco o en la capacidad de bombeo del corazón pueden reducir el flujo sanguíneo al cerebro.
  • Bajada de los niveles de azúcar (hipoglucemia): cuando el cuerpo no tiene suficiente glucosa disponible, el cerebro se queda sin su principal fuente de energía.
  • Estrés: un impacto emocional fuerte puede activar el sistema nervioso de tal manera que la frecuencia cardíaca y la presión arterial caen de golpe.
  • Ejercicio físico extenuante: un esfuerzo físico excesivo (especialmente sin la hidratación adecuada) puede provocar una caída de la presión arterial.
  • Uso de ciertos fármacos: los medicamentos para la presión arterial, los diuréticos o algunos antidepresivos pueden alterar la presión arterial o el ritmo cardíaco, aumentando el riesgo de síncope.

¿Qué síntomas nos avisan de un desmayo?

Afortunadamente, el cuerpo suele enviarnos señales de aviso antes de desconectarse por completo. Identificar estos síntomas a tiempo puede evitar que te golpees al caer. Estos son los más comunes:

  • Disminución de la frecuencia cardiaca
  • Sudores fríos
  • Náuseas
  • Palidez
  • Inestabilidad
  • Alteraciones visuales (visión en túnel)
  • Zumbidos en los oídos (tinnitus)

¿Son realmente peligrosos los desmayos?

Esta es la pregunta que nos trae aquí. Los desmayos en sí mismos no suelen ser un problema de salud grave. Todas nos hemos desmayado alguna vez y nos hemos recuperado de manera espontánea y sin secuelas.

Con frecuencia, estos episodios están relacionados con situaciones bastante comunes: deshidratación, una bajada de azúcar o incluso un golpe de calor tras hacer ejercicio en condiciones de altas temperaturas.

Incluso la ansiedad es una causa frecuente. Cuando el estrés emocional es muy intenso, el cuerpo libera grandes cantidades de adrenalina. Esto puede provocar una caída repentina de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, reduciendo el flujo de sangre al cerebro. Además, la hiperventilación (respirar de forma rápida y superficial) disminuye el dióxido de carbono en sangre, lo que favorece el mareo y, en casos más intensos, el desmayo.

Sin embargo, no conviene bajar la guardia. En algunas ocasiones, las causas pueden ser muy serias e incluso mortales. Esto ocurre especialmente cuando el desmayo es el síntoma de una enfermedad coronaria o neurológica, algo que es más probable en personas mayores de 60 años. Por eso, aunque la mayoría de los desmayos sean «sustos», es vital buscar ayuda profesional si se repiten con frecuencia o si la persona tarda más de dos minutos en recuperar la conciencia

Causas del desmayo que podrían ser graves

Como mencionábamos, no siempre se trata de algo pasajero. Existen situaciones donde el desmayo es la «alarma de incendio» de algo más profundo en nuestra salud:

  • Crisis epilépticas: a veces se confunden con desmayos, pero implican actividad eléctrica anormal en el cerebro.
  • Intoxicación: la exposición a sustancias tóxicas o drogas puede afectar al sistema nervioso central.
  • Diabetes: tanto las bajadas como las subidas extremas de glucosa pueden provocar pérdida de conciencia.
  • Cataplexia: episodios de pérdida súbita del tono muscular, a menudo relacionados con emociones intensas.
  • Ictus: si el flujo de sangre se interrumpe por un coágulo o hemorragia, la pérdida de conocimiento es una señal de emergencia máxima.
  • Insuficiencia suprarrenal: un trastorno hormonal que afecta la regulación de la presión arterial y el equilibrio de electrolitos.

Además, hay que tener en cuenta que no todas las personas tienen el mismo riesgo. Algunos grupos son más vulnerables y requieren especial atención.

Personas más vulnerables a los desmayos

Hay grupos que, por su condición física, tienen más papeletas para sufrir estos episodios:

  • Mujeres embarazadas: los cambios hormonales y circulatorios pueden favorecer bajadas de tensión.
  • Personas mayores: tienen mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurológicas.
  • Personas con enfermedades crónicas: como diabetes o problemas cardíacos.
  • Pacientes medicados: especialmente si se trata de fármacos que afectan la presión arterial o el sistema nervioso.

Tipos de desmayo

No todos los desmayos son iguales. De hecho, se clasifican según la causa que los provoca:

Síncope vasovagal o desmayo simple

Es el más común de todos. Ocurre cuando el nervio vago reacciona en exceso ante un desencadenante (como ver sangre, un dolor fuerte o un calor extremo). Es el clásico desmayo de la persona que se marea en una analítica. No es peligroso, pero sí muy aparatoso.

Síncope por hipotensión ortostática

¿Te has levantado rápido de la cama y has sentido que todo se movía? Eso es hipotensión ortostática. La gravedad hace que la sangre se acumule en las piernas y el corazón no es capaz de bombearla hacia arriba lo suficientemente rápido. Es muy frecuente al despertar o si estás deshidratada.

Síncope cardiogénico

Este es el que requiere mayor vigilancia. Se produce por problemas estructurales en el corazón o por arritmias. A diferencia de los anteriores, suele ocurrir de forma súbita, a veces incluso mientras la persona está sentada o haciendo ejercicio, y sin síntomas de aviso previos tan claros.

¿Cuándo acudir al médico?

Aunque muchos desmayos son inofensivos, hay situaciones en las que no conviene restarles importancia.

Deberías consultar con un profesional de la salud si:

  • El desmayo ocurre mientras estás haciendo ejercicio físico.
  • Sufres palpitaciones o dolor en el pecho antes de perder el sentido.
  • Tienes antecedentes familiares de muerte súbita.
  • Te desmayas con mucha frecuencia en poco tiempo.
  • La recuperación de la conciencia es lenta o te sientes desorientada por más de 5 minutos.

También es importante buscar ayuda si el desmayo ha provocado una caída con golpe o lesión.

En definitiva, el desmayo es un síntoma, no una enfermedad en sí misma. En la mayoría de los casos, no es peligroso. Pero escuchar a tu cuerpo y prestar atención a las señales puede marcar la diferencia. Ante la duda, consultar siempre es la mejor decisión.