tipos de masaje

El masaje es una terapia estimulativa practicada por el hombre desde tiempos remotos con la finalidad de aliviar el dolor y de proporcionarle al cuerpo y a la mente un equilibrio metabólico y emocional que nos haga sentir mejor.




Pero el masaje tiene también otras aplicaciones: dentro del ámbito deportivo para mejorar el rendimiento físico, psicológico para reforzar los vínculos afectivos en la pareja y estético para mejorar ciertas partes de nuestro físico con las que nos sentimos descontentas.

Durante las sesiones del masaje, el terapeuta moviliza los tejidos blandos (piel, músculos y tejidos conectivos) para mejorar la circulación sanguínea, relajar la tensión muscular y estimular los procesos metabólicos. Todo ello se traduce en una sensación de bienestar que nos ayuda a recuperar el equilibrio y la salud, sobre todo cuando el masaje está enfocado a tratar una determinada patología.

Teniendo en cuenta ésto, podemos distinguir los siguientes tipos de masaje:

Masaje circulatorio

Destinado a activar el flujo sanguíneo y a favorecer la eliminación de toxinas.

Masaje deportivo

Se realiza en el ámbito deportivo y tiene como finalidad la rehabilitación del deportista, la relajación de la tensión muscular para mejorar su rendimiento o mejorar la flexibilidad del cuerpo.

Masaje de drenaje linfático

Estimula el flujo de la linfa sanguínea. Ayuda a combatir los radicales libres y mejora el funcionamiento del sistema endocrino.

Masaje de relajación

Actúa sobre el sistema nervioso, liberando la tensión acumulada e induciendo al individuo a un estado de bienestar físico y mental.

Masaje estético

Es una variedad del masaje circulatorio y de otras modalidades de masaje que tiene como finalidad tratar problemas de tipo estético como la celulitis, el envejecimiento celular o enfermedades provocadas por un alto nivel de estrés como los brotes de acné.

Masaje de reflexología

Es un masaje manual en el que se ejerce presión con los dedos sobre determinados puntos del cuerpo a través de los cuales fluyen los canales de energía, por lo que repercute en el buen funcionamiento del sistema nervioso, endocrino, digestivo o circulatorio.