Las verduras frescas están en el top list de nuestras comidas favoritas, pero no siempre tenemos tiempo para cocinarlas y a menudo terminan poniéndose malas en la nevera. Una buena alternativa son las verduras congeladas. Consideradas durante años como un producto de segunda categoría, están recuperando poco a poco el protagonismo en nuestras mesas ya que son prácticas, económicas y tienen una calidad nutricional casi idéntica a la de sus homólogas de la huerta.


¿Por qué incluir verduras congeladas en nuestra dieta?

Las verduras son indispensables para una alimentación equilibrada. Nos aportan buena parte de las vitaminas, minerales y fibra que necesita nuestro organismo para mantenerse saludable.

La OMS recomienda comer un mínimo de 400 gramos de frutas y verduras al día para prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer u obesidad. Sin embargo, muchas personas no tienen suficiente tiempo para comprarlas y prepararlas diariamente. Tener en el congelador verduras listas para consumir es una buena forma de ahorrar tiempo y tener siempre a mano ingredientes saludables para preparar sopas, guisos y guarniciones.

¿Son tan nutritivas como las verduras frescas?

Según un estudio de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA) alrededor del 70 % de los hogares españoles consumen productos congelados al menos una vez a la semana.

Hace algunos años se pensaba que la congelación podía destruir los nutrientes de los alimentos, pero en los últimos años se han publicado diferentes estudios científicos que desmienten esta teoría. Por ejemplo, una investigación publicada en “Food Research International” sostiene que cuando el proceso de congelación se realiza bien, el valor nutricional de las verduras se mantiene intacto.

Otros estudios realizados en Gran Bretaña (Universidad de Chester) y Estados Unidos (Universidad de California) también encontraron que la cantidad de vitaminas y minerales que tienen las verduras congeladas son las mismas o incluso superiores que las de las verduras frescas.

Si te preguntas cómo es esto posible, la respuesta está en la ultracongelación o congelación instantánea que se realiza pocas horas después de la cosecha.

Las verduras se recolectan en su momento óptimo de frescura y se someten a un proceso de congelación rápido a -40 °C que detiene los procesos enzimáticos responsables de la degradación de los nutrientes.

Por esta razón, en ocasiones hay una mayor concentración de algunas vitaminas como la vitamina C en las verduras congeladas. Las verduras frescas pueden perder estos nutrientes durante el transporte y almacenamiento. Cuanto más tiempo tardemos en consumirlas, más nutrientes se perderán. Por ejemplo, las espinacas pueden perder hasta el 75% de su vitamina C después de tenerlas varios días a temperatura ambiente. Al congelarlas paralizamos el proceso oxidativo, permitiéndonos disfrutar de alimentos con mayor calidad nutricional.

¿Podemos congelar las verduras en casa?

La congelación industrial es distinta a la que podemos realizar en casa ya que los frigoríficos de uso doméstico no tienen la misma potencia.

Si los ultracongelados comerciales pueden durar casi un año desde su elaboración, los congelados caseros durarán la mitad, pero igualmente son una forma práctica y saludable de consumir verduras.

Para congelar verduras en casa:

  1. Selecciona las verduras que comes con frecuencia (zanahoria, pimientos, espárragos, brócoli, coliflor, judías, guisantes, espinacas, etc.). Ten en cuenta que algunas verduras no se pueden congelar por su alto porcentaje de agua (tomate, pepino, patata cruda, etc.)
  2. Lava bien las verduras, trocéalas y somételas a un proceso de escaldado. La técnica del escalado consiste en dar un choque térmico al alimento, sumergiéndolo primero en agua hirviendo y luego enfriándolo inmediatamente en agua con hielo. De esta forma esterilizamos el alimento evitando la presencia de gérmenes y bacterias en el momento de la congelación.
  3. Finalmente, escurrimos bien nuestras verduras y las introducimos en bolsas de congelación individuales, tratando de retirar la mayor cantidad posible de aire. Colocamos etiquetas con la fecha de congelación y las organizamos en la nevera sin apretar demasiado los envases.

Una forma de reducir el desperdicio alimentario.

Una de las mayores ventajas de comprar verduras congeladas en el supermercado o prepararlas nosotros mismos es reducir el desperdicio alimentario.

Cada año se tiran en nuestro país toneladas de alimentos que se pasan de fecha en la nevera antes de llegar a consumirlos.

Por otra parte, los alimentos frescos suelen ser caros ya que se deterioran con rapidez y las cadenas de alimentación suben sus precios para compensar las pérdidas de la comida que desechan diariamente. La OCU recuerda en un informe de 2023 que las verduras congeladas son un 44% más baratas. Por ejemplo, los guisantes congelados son un 92 % más baratos que los guisantes en vaina, las judías verdes un 72 % más baratas, las espinacas un 57 % y el brócoli un 39 %

En la sección de ultracongelados de tu supermercado encontrarás una gran variedad de vegetales (incluso algunos fuera de temporada) para que puedas comer sano durante todo el año.

Otros consejos útiles para aprender a comprar y preparar verduras congeladas.

Las verduras congeladas no tienen conservantes ya que el frío es el método natural de conservación. Si ves que en el etiquetado de un producto aparecen conservantes, aditivos, azúcares o grasas vegetales, probablemente se trata de un precocinado (salteado, preparado de wok, etc.)

Otro aspecto en el que debes fijarte es que el envase no esté cubierto de hielo o escarcha ya que esto podría indicar que no se ha conservado en condiciones óptimas. Los productos congelados deben mantener siempre una cadena de frío entre -25 °C y -18 °C. Esta cadena de frío nunca debe romperse para evitar la reactivación de los microorganismos y que los alimentos. En cuanto a la fecha de caducidad, suele ser de 8 a 12 meses después del envasado y aparecerá en una parte visible del envase.

Una vez descongeladas, debemos consumirlas en un plazo de 24 horas y nunca volver a congelar alimentos parcial o totalmente descongelados. Te recomendamos extraer del envase únicamente la cantidad necesaria y mantener el resto en la nevera.

¿Qué inconvenientes tienen las verduras congeladas?

El principal inconveniente de las verduras congeladas es que vienen envasadas en bolsas de plástico, y esto supone un impacto ambiental negativo.

Además, pueden volverse algo más blandas y no ser adecuadas para cierto tipo recetas. Esto sucede porque la congelación modifica la textura (que no el sabor) de los alimentos. Aun así, son muy versátiles y puedes incorporarlas en sopas, guisos, ensaladilla, guarniciones y menestras de verduras.

¡Aprovecha sus ventajas saludables y comienza a ahorrar en tu cesta de la compra!