Los orígenes del jabón de Castilla se remontan a la Península Ibérica entre los siglos X y XI. Se piensa que surgió como una evolución de los primeros jabones árabes elaborados con aceites vegetales.


A diferencia de otros jabones que se comercializaban en el norte de Europa, y utilizaban grasa y sebo animal, el jabón de Castilla llevaba únicamente aceite de oliva combinado con cenizas de plantas ricas en sosa (conocidas como barrilla o almarjo). Pronto se convirtió en un artículo de lujo por su suavidad y beneficios para el cuidado de la piel.

Hoy en día continúa siendo uno de los productos más apreciados en cosmética natural por sus propiedades antioxidantes su y capacidad de hidratar todo tipo de pieles. Frente a otros jabones comerciales que resecan o están llenos de sulfatos, el de Castilla es emoliente, humectante y regenera la piel gracias a su alto contenido en ácido oleico.

No es comedogénico por lo que limpia en profundidad sin obstruir los poros. Además, gracias a su alto contenido en vitamina E retrasa el envejecimiento cutáneo y neutraliza el daño oxidativo provocado por los radicales libres.

La receta tradicional del jabón de Castilla

El auténtico Jabón de Castilla es 100% aceite de oliva. Aunque puede llevar otros aditivos en su composición, la receta original no incluye aceites esenciales, colorantes o aromas sintéticos.

Si te animas a prepararlo en casa, el proceso es muy sencillo. Eso sí, al trabajar con sosa cáustica hay que respetar siempre unas cuantas normas de seguridad básicas.

Necesitas:

  • 260 g de aceite de oliva virgen (evita los refinados para no perder calidad).
  • 34 g de sosa cáustica.
  • 69 g de agua desmineralizada.
  • Un molde (sirve uno de silicona o una caja de madera forrada).
  • Equipo de protección: gafas, guantes de goma, mascarilla y manga larga.

Preparación paso a paso:

  1. Ponte la mascarilla, las gafas y los guantes. En un lugar bien ventilado, vierte la sosa sobre el agua (nunca al revés, para evitar salpicaduras peligrosas). Al disolverse, la mezcla alcanzará unos 80 ºC y soltará vapores, así que remueve con cuidado y déjala enfriar hasta que baje a unos 50 ºC o 60 ºC.
  2. Coloca el aceite de oliva en un recipiente a temperatura ambiente. Vierte la lejía (la mezcla de agua y sosa) despacio y directamente sobre el aceite.
  3. Comienza a batir la mezcla con una batidora de mano a baja potencia. Con el aceite de oliva el proceso lleva algo más de tiempo que con otras grasas, pero poco a poco espesará. Busca el punto de «traza», que es cuando la masa adquiere la consistencia de un puré o una natilla densa.
  4. Vierte la preparación en tu molde, da unos golpecitos sobre la mesa para asentar la masa y tápalo con una toalla. Déjalo reposar entre 24 y 48 horas para que se complete la saponificación.
  5. Cuando el jabón esté sólido, desmóldalo y córtalo en pastillas. Debes dejarlas reposar en un lugar seco y ventilado durante unas 6 a 8 semanas. Durante este periodo el jabón pierde humedad, gana dureza y se vuelve todavía más suave para la piel.

Hacer jabón de Castilla en casa es un proceso artesanal casi terapéutico. Con solo tres ingredientes básicos consigues un producto sostenible, biodegradable y perfecto para el día a día. ¿Te animas a preparar tu primera tanda?