Si alguna vez has buscado infusiones depurativas en tu herbolario, posiblemente ya conoces los beneficios de la cola de caballo o del diente de león. Pero ¿has oído hablar alguna vez del ortosifón? Esta planta originaria del sudeste asiático está considerada como una de las más potentes para estimular los riñones. En este artículo te hablaremos de sus propiedades terapéuticas y de cómo puedes incorporarla a tus rutinas de bienestar.
¿Qué es el ortosifón?
El ortosifón es una planta de familia Lamiaceae originaria de Indonesia y Malasia donde se utiliza desde hace siglos por su acción diurética y desintoxicante. Su nombre científico es Orthosiphon stamineus o Orthosiphon aristatus, aunque también se conoce popularmente como té de Java.
Prospera en climas tropicales de alta humedad y puede alcanzar aproximadamente un metro de altura. Presenta un tallo recto de tonalidad marrón-violácea, hojas opuestas, dentadas e irregulares, y flores agrupadas con estambres largos y finos. Esta particularidad es la razón de que en algunas partes se conozca coloquialmente como “bigotes de gato”.
Aunque produce frutos pequeños y rugosos, estos no tienen valor terapéutico. En fitoterapia normalmente se utilizan las hojas y sumidades floridas que se recolectan un poco antes de la floración, lo que asegura la mayor concentración de principios activos.
Actualmente tanto la Agencia Europea del Medicamento (EMA) como la Sociedad Europea de Fitoterapia aprueban su uso tradicional para aumentar la diuresis en terapia de lavado de vías urinarias, especialmente en trastornos urinarios de naturaleza inflamatoria como la litiasis renal.
También está aprobado su uso como coadyuvante en el tratamiento de infecciones bacterianas del trato urinario.
Composición química
La composición química del ortosifón destaca por su alto contenido en sales de potasio (responsables de su acción diurética) y sinensetina, un flavonoide con poder antioxidante.
Aquí te detallamos sus componentes principales:
- Alrededor de un 3% de sales de potasio: contribuyen al efecto diurético de la planta.
- Entre 0,2 y 0,6 % de aceite esencial: es rico en sesquiterpenos, junto con pequeñas cantidades de triterpenos y compuestos fenólicos, que participan en la actividad antiinflamatoria.
- Entre 0,4 y 0,5% de flavonoides lipofílicos: principalmente sinensetina y eupatorina, junto con otros como salvigenina, cirsimaritina o tetrametoxiflavona. Estos compuestos están asociados a efectos antioxidantes, hepatoprotectores y moduladores de la inflamación.
- Entre 0,5 y 1% de derivados fenólicos: el más importante es el ácido rosmarínico. Su función es clave porque aporta propiedades bactericidas y antiinflamatorias, lo que convierte al ortosifón en un gran aliado contra la cistitis. También incluye ácido diacetil tartárico y derivados del ácido litospérmico.
- Otros componentes minoritarios: el ortosifón también contiene colina (importante para el metabolismo de las grasas), saponósidos, taninos (astringentes) y fitosteroles (como el beta-sitosterol), que contribuyen al equilibrio general del organismo. Además posee compuestos más específicos como ortocromeno A y metilripariocromeno que parecen contribuir a la actividad biológica global de la planta.
Propiedades terapéuticas del ortosifón
El ortosifón se ha utilizado desde hace siglos en la medicina tradicional del sudeste asiático para tratar afecciones como la gota, la cistitis o la litiasis renal. Pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando comenzó a despertar el interés en Occidente, dando lugar a múltiples estudios experimentales (principalmente in vitro y en animales) que han permitido validar parte de sus usos tradicionales.
Entre sus principales propiedades terapéuticas destacan:
Diuréticas
El ortosifón es, ante todo, una planta diurética. Este efecto se ha relacionado tanto con su contenido en sales de potasio como con ciertos flavonoides.
Un estudio evaluó sus efectos en ratas comparándolo con diuréticos convencionales como la furosemida. Los resultados mostraron un aumento significativo del volumen urinario, especialmente dependiente de la dosis administrada. Además, se observó un incremento en la excreción de potasio, lo que confirma su acción sobre la función renal.
Desintoxicantes
Al estimular la diuresis, el «té de Java» ayuda a expulsar sedimentos y desechos nitrogenados (como el ácido úrico). Este efecto “de arrastre” es la base de su uso tradicional en terapias de lavado de las vías urinarias.
En este contexto se ha estudiado su posible papel en la prevención de cálculos renales. Por ejemplo, un estudio publicado en el Journal of Ethnopharmacology observó que el extracto de ortosifón podía reducir la formación de cristales de oxalato cálcico, sugiriendo un posible papel preventivo frente a la litiasis.
En la misma línea, estudios más recientes in vitro también han mostrado que el ortosifón puede interferir en la formación y agregación de cristales urinarios, apoyando su uso tradicional como coadyuvante en este tipo de trastornos.
No obstante, otros trabajos han encontrado resultados menos concluyentes, dejando claro que su papel es más bien preventivo y complementario que terapéutico directo.
Además, este aumento del flujo urinario dificulta la proliferación bacteriana, lo que explica su uso como coadyuvante en infecciones de orina como la cistitis. Un estudio en ratones publicado en Phytomedicine (2017) demostró que el ortosifón ayuda a reducir la carga bacteriana y a mejorar los síntomas asociados a infecciones de vejiga, probablemente gracias a una combinación de efecto diurético y actividad antimicrobiana leve.
Hipoglucemiantes
El ortosifón podría ayudar a reducir los niveles de glucosa en sangre. Un estudio experimental en ratas diabéticas gestantes y no gestantes evaluó su impacto tras varios días de tratamiento. Los investigadores observaron una reducción significativa de los niveles de glucosa en ambos grupos: tras 10 días en ratas no gestantes y 14 días en gestantes. Además, no se registraron muertes ni signos de toxicidad, ni en las madres ni en los fetos, lo que sugiere un perfil de seguridad favorable.
Hipolemiantes
Además de ayudar a controlar los niveles de glucosa, el ortosifón puede jugar un papel importante en el metabolismo de los lípidos.
Un estudio publicado en Planta Médica (2017) analizó el impacto de su extracto etanólico en ratones obesos. Los resultados indicaron una disminución significativa de los niveles de colesterol total y triglicéridos, lo que apunta a un posible efecto hipolipemiante.
No obstante, conviene matizar que los efectos adelgazantes asociados al ortosifón son limitados. La pérdida de peso observada se debe principalmente a la eliminación de líquidos derivada de su acción diurética, más que a un efecto directo sobre el tejido adiposo.
Antioxidantes
Por último, el ortosifón es rico en compuestos con actividad antioxidante, como la sinensetina y el ácido rosmarínico. Estas sustancias ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas inestables responsables del daño celular y del envejecimiento prematuro.
Este potencial antioxidante también podría estar implicado en algunos de sus efectos antiinflamatorios y metabólicos.
¿Cómo tomar ortosifón?
La forma más habitual de consumir ortosifón es en infusión, conocida como “té de Java”. Para prepararla, se recomienda utilizar entre 2 y 3 gramos de planta seca (aproximadamente una cucharada sopera) por taza de agua. Lleva el agua a ebullición, retírala del fuego y añade la planta. Deja reposar unos 10 minutos antes de colar. Se pueden tomar entre dos y tres tazas al día.
El sabor es herbal y ligeramente amargo. Si resulta poco agradable, puedes añadir un endulzante natural, como miel o estevia.
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Además, el ortosifón también está disponible en forma de cápsulas o comprimidos en parafarmacias y herbolarios. En estos casos, la dosis habitual suele situarse entre 200 y 600 mg al día, aunque puede variar según el extracto y la concentración. Es importante seguir siempre las indicaciones del fabricante y no superar la dosis recomendada.
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Efectos secundarios y contraindicaciones del ortosifón
El ortosifón se considera una planta bastante segura cuando se consume con moderación y siguiendo las dosis recomendadas. Aun así, por su efecto diurético, hay situaciones en las que conviene evitarlo o consultar antes con un profesional:
- Pacientes con insuficiencia cardíaca o renal: al aumentar la diuresis, podría provocar desequilibrios electrolíticos y empeorar estas patologías.
- En caso de obstrucción de las vías biliares: su uso no está recomendado, ya que podría interferir con el flujo normal de la bilis.
- Personas con problemas digestivos: en algunos casos puede resultar algo irritante y provocar molestias leves a nivel gástrico.
- Si ya estás tomando diuréticos: combinarlo con otros diuréticos (ya sean medicamentos o plantas) puede potenciar demasiado su efecto y aumentar el riesgo de deshidratación o desequilibrios de electrolitos.
- Durante el embarazo o la lactancia: por precaución, se desaconseja su uso debido a la falta de estudios concluyentes sobre su seguridad en estas etapas.




